El libro, coordinado por las periodistas Juana García y Diana Manzo, recoge testimonios de madres, padres y hermanos que han transformado su dolor en lucha.

Por Paola Flores

En un acto de resistencia contra el olvido institucional, se presentó en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) el libro Las ausentes, una obra colectiva que busca dignificar y dar voz a las familias de mujeres indígenas y afromexicanas desaparecidas en la entidad.

Durante la presentación, las madres y hermanas buscadoras denunciaron que el Estado no sólo es incapaz de encontrarlas, sino que activamente las invisibiliza al no generar datos que reconozcan su identidad étnica.

Juntas evidenciaron la disparidad abismal entre las cifras oficiales y la realidad que viven las comunidades. Mientras la Fiscalía General del Estado de Oaxaca reporta apenas 60 mujeres desaparecidas entre 2015 y mayo de 2026, organizaciones civiles como Consorcio para el Diálogo y la Equidad han documentado 915 casos de mujeres desaparecidas tan solo entre 2022 y 2025.

«El Estado desconoce cuántas mujeres indígenas y afromexicanas están desaparecidas porque simplemente no las cuenta; para ellos, no existen», advirtió la periodista, Juana García, una de las coordinadoras de esta publicación.

Esta falta de datos diferenciados es una limitación estructural que impide diseñar respuestas institucionales adecuadas para un estado donde el 65% de la población se adscribe como indígena.

El libro, coordinado por Juana García y Diana Manzo, recoge testimonios de madres, padres y hermanos que han transformado su dolor en lucha. Para las familias, la desaparición no es solo una cifra, sino una forma de tortura que altera la vida emocional, económica y social.

A la izquierda Juana García, a su lado, Diana Manzo, periodistas oaxaqueñas.

Se denunciaron casos de negligencia extrema, como el de Mayra Colón Silva, cuya ficha de búsqueda fue difundida por las autoridades siete meses después de su desaparición. Asimismo, se expuso la crueldad de la lógica administrativa, mencionando casos donde se ha obligado a madres a reconocer cuerpos que no pertenecen a sus hijas sólo para cerrar expedientes.

«Vivir sin respuestas, sin verdad, sin certeza, obliga a habitar una incertidumbre permanente», señaló Abigail Castellanos, del Centro de Planeación Estratégica y Asesoría en Derechos Humanos (CPIAREP), subrayando que en contextos comunitarios, la desaparición es una tortura colectiva que rompe el tejido social.

Barreras de lenguaje y justicia centralizada

Las familias de las víctimas enfrentan obstáculos adicionales. La falta de intérpretes durante las denuncias y la necesidad de viajar largas distancias hacia centros urbanos para dar seguimiento a las investigaciones son barreras directas al acceso a la justicia.

Las ausentes surge como una herramienta para que la esperanza siga viva «como el fuego del corazón y del fogón». Las autoras enfatizaron que el libro no pretende hablar por las familias, sino generar las condiciones para que sus experiencias sean escuchadas en toda su complejidad.

Al cierre del evento, se hizo un llamado urgente al Estado para que deje de ver la escucha como un gesto simbólico y la asuma como una obligación para transformar una realidad que, hasta hoy, sigue manchada por la impunidad y el maquillaje de cifras.

«No es un día de celebración, es un día de memoria y justicia», concluyeron las participantes, recordando a Ita, Irma, Judith, Paulina y Victoria, nombres que hoy habitan en las páginas de un libro que se niega a dejarlas en el olvido.