Por Paola Flores
¿Aún se nos permite soñar en una ciudad que parece haberse olvidado de quienes la sostienen? Así inicia la Miscelánea Oaxaqueña de Acción Común su declaración de intenciones de la campaña Oaxaca Ocupada: No llegamos, ya estábamos aquí.
Con ella ponen en el centro de la conversación la sed en las colonias, la ponderación gubernamental del cemento sobre la vida y una ciudad habitada por cuerpos cansados.
Ellos explican una triple ocupación —espacial, laboral y simbólica— «donde el espacio nos desplaza, el trabajo se precariza para servir al visitante y nuestra cultura se vuelve una mercancía de aparador.»
La campaña Oaxaca ocupada arrancó con “Canto Viento”, una pieza musical que, como los vientos de febrero, se levanta para reclamar lo digno y volver a lo esencial: lo colectivo. Sumado a ello, convocan a una manifestación pacífica, a la marcha-convite: Oaxaca es nuestra por el derecho a la ciudad.
- ¿Cuándo? Jueves 16 de julio.
- ¿A qué hora? 4:00 PM.
- ¿De dónde partimos? Del Mercado Benito Juárez, sobre la calle Flores Magón.
Esta iniciativa, aseguran, no es solo una denuncia al azar ni una exageración, se sustenta en un informe que ofrece un diagnóstico desolador. Mientras el Centro Histórico pierde a sus habitantes, las plataformas como Airbnb han crecido un 650%. Hoy, para una familia oaxaqueña, comprar una casa en el corazón de su ciudad equivale a ahorrar íntegramente el salario medio estatal de 83 años.
Actualmente, denuncian, en las colonias y barrios, el agua llega cada 70 días, pero un solo turista consume hasta cuatro veces más líquido que un habitante local.
Además proyectos como plaza Parque Oaxaca han significado la tala de 228 árboles y la apropiación de la vía pública bajo una lógica de financiarización del suelo, que las autoridades defienden.
También informan que el 68% de la economía informal de la ciudad es sostenida por mujeres, quienes enfrentan la cara más cruda de la precarización laboral «en una ciudad que ya no se produce para ser vivida, sino para ser vendida.»
Frente a ello, pretenden reivindicar la ayuda mutua y la reciprocidad: «Queremos regresar a los rituales que nos conforman, a la gozona y a la organización de la fiesta como un acto de resistencia.»
Para los integrantes de la Miscelánea, la gentrificación no es un destino inevitable, sino el resultado de decisiones políticas que pueden y deben tomarse de otro modo.
Nosotros no llegamos: ya estábamos aquí, rezan.





