Por Miguel Ángel Vásquez de la Rosa
La ya famosa lista negra dada a conocer por Luisa María Alcalde reveló otras fisuras. Hay problemas en el modelo de comunicación del gobierno de la 4T. No existe una estrategia sincronizada de la oposición política como tal, que opere una serie de líneas discursivas contra el gobierno, es más, casi no existe oposición partidista en México. Lo que sí hay es una sociedad más ávida de consumir información, lejos de las mentiras que receta todos los días el gobierno de Claudia Sheinbaum.
Dos botones de muestra de cómo se refleja la crisis de comunicación política del poder:
Fabrizio Mejía, uno de los intelectuales más reconocidos de la 4T, escribió un post en X donde dice: “Se necesita hacer crecer un modelo popular de comunicación”. Y agrega: “La 4T no necesita una red de locutores mentirosos, amplificadores y bots. Tampoco necesita noticieros con gente bien vestida y bien famosa. No es repetir el mismo modelo prepotente”. Fabrizio habla de un modelo popular de comunicación, y la pregunta natural sería: ¿pues qué no ese modelo lo instauró Andrés Manuel López Obrador y Jesús Ramírez Cuevas con La Mañanera y sus réplicas a partir de esta misma red que ellos acusan de amplificación de largo alcance?
Por otro lado, el monero Rapé, uno de los caricaturistas consentidos de López Obrador, escribió un largo post en X. Dice más o menos esto: la política no se disputa únicamente en las urnas, también se disputa en las pantallas, los libros, el cine, las series, la música, el humor, las redes sociales y el imaginario colectivo. Dice el monero que se necesita una política pública que fortalezca la producción cultural independiente, el pensamiento crítico y “nuestra soberanía narrativa”. Además, en un exceso de cinismo, dice que se requiere enseñar desde las escuelas a reconocer la manipulación, la propaganda y las noticias falsas. También que se requieren creadores digitales que hagan periodismo, crear podcasts, video ensayos y nuevos formatos. Rapé propone cinco frentes de lo que llama la batalla cultural.
Resulta paradójico que mientras el gobierno insiste en la censura, el cierre de espacios, el ataque a las voces críticas y al periodismo, por otro lado, sus intelectuales revelen claramente que el poder enfrenta una crisis de comunicación y proponen alternativas. Crisis de comunicación que se ha agravado y ha cobrado vidas de periodistas, comunicadores y personas defensoras en este país.
Ojalá corrijan y se den cuenta a tiempo, antes de que sea demasiado tarde. De hecho, ya es tarde.




