Por Paola Flores

¿El destino es geométrico? ¿Está escrito en las estrellas? ¿Lo resguarda el Universo? José Gordon nos convoca a leer una historia cuyo propósito es deshilar las cuerdas de la vida misma. 

A lo largo de su novela El libro del destino, el escritor teje realidad y ficción para concluir, incluso antes de terminar el relato, que todo está conectado y que el azar y el destino son dos caras de la misma moneda.

En esta entrevista detalla los pormenores de su obra, publicada por primera vez en 1996 y republicada este año por la división Debolsillo del grupo editorial Penguin Random House. 

Para la charla, hemos acortado la distancia vía zoom, Pepe está sentado frente a la computadora con camisa azul y en el fondo se observa la luz de media tarde. Me acomodo en la silla en el centro de mi oficina y la charla comienza:

J.G: Yo tuve la oportunidad de escuchar una historia, de alguien que fue sobreviene del Holocausto y de alguna manera esa historia está retratada ahí, en esta novela se van entreverando ficción y realidad y a veces te sorprendería que lo que piensas que podría ser más la imaginación del novelista, es justamente lo que ocurre en la realidad. Esta es la historia de una niña que va sobreviviendo de manera milagrosa el incendio del Holocausto.  

Hay una imagen que se me queda profundamente grabada que es la idea de como está a solas, en medio de la destrucción que se está dando en el Gueto de Varsovia, ella está en un cuarto leyendo, leyendo y leyendo, como si en los libros estuviera de alguna manera cifrado un secreto que tiene que ver con entender lo que realmente acontece en la vida. 

Alrededor de ella va tejiéndose de alguna manera lo que podría llamarse la sagrada geometría del azar porque las bombas van cayendo un paso después de lo que ella va caminando, o a un lado. Esta es una historia de destino, un destino que tenía que ver con la sobrevivencia. 

J.G: Las personas que han vivido una tragedia no la sufren solo ellas, sino también las generaciones que vienen después y esto se aplica a cualquier país y cultura. Cuando sobreviene una profunda tragedia quedan marcadas dos, tres generaciones después con un sufrimiento que no entienden, que no comprenden, que no tienen forma de averiguar cuáles son sus fantasmas y pesadillas que lo conforman. 

En este marco voy tejiendo una novela en donde el hijo de esta mujer quiere de alguna manera entender ese pasado, entender algo muy oscuro que está relacionado con la madre, él sabe que ella es sobreviviente del Holocausto y ella no puede contarle la historia a su hijo directamente

Él es un científico que de repente ve destrozado todo su mundo y trata de ordenar algo que siempre esta temblando, porque la vida siempre está temblando, la vida siempre está moviéndose, moviéndonos el piso, los asideros que pensamos que tenemos para controlarla. Es incontrolable, la vida tiene un flujo que no se puede contener. 

J.G: La otra cara del destino es el azar, uno podría decir que todo ocurrió por suerte o por azar, o uno podría ver la mano implacable de un novelista que está escribiendo un guión. La palabra drama en griego significa: acción. No significa buena acción o mala acción, simplemente acción y en la física encontramos la Tercera Ley de Newton que nos dice que a toda acción corresponde una reacción, de la misma intensidad en sentido opuesto.

Y resulta que los dramaturgos tienen la tentación de ir viendo no cómo suceden las carambolas en el mundo de la física, sino en el mundo de las relaciones interpersonales, cómo es que de repente tu haces un gesto, te comunicas con alguien y esa acción produce una reacción. Los dramaturgos lo que hacen es convertir el escenario teatral en el laboratorio en el que investigan esa tubería de efectos: acción, reacción, acción, reacción. Se rompe un espejo y está marcándote algo que va a suceder en la trama de una pareja, en donde esa ruptura del espejo es un signo externo de algo que también está ocurriendo internamente. 

Lo que me pareció fascinante es que en la antigua India también se hacía ese estudio, pero ya no en torno al escenario teatral, sino al escenario de la misma vida. Es decir, el tratar de ver cómo las acciones de alguna manera también están correlacionadas con el entorno, los antiguos sabios en la cultura hindú buscaban las correlaciones entre las estrellas que aparecían en el firmamento en el momento que naces como un espejo de lo que podría acontecer.

No es que se esté hablando de que hay un efecto de un planeta sobre nosotros y que nos esté influyendo físicamente. No, estamos hablando de analogías que son prácticamente poéticas, pero que tienen un sentido de profunda correspondencia entre mundos internos y mundos externos, a tal grado de que los grandes poetas siempre han estado a la búsqueda de saber si ahí hay un lenguaje que está íntimamente ligado con nosotros. Por ejemplo, el poeta Octavio Paz en el poema Hermandad dice: Soy hombre, duro poco y es inmensa la noche, pero miro hacia arriba, las estrellas escriben, sin entender comprendo también soy escritura, en este mismo instante alguien me deletrea. Esa sensación de que hay una especie de escritura de la naturaleza que de alguna forma está marcando una especie de película o libro que tal vez si tu tuvieras un conocimiento más amplio de la realidad podrías ver las secuencias de pasado, presente y futuro de otra manera. 

J.G: Sor Juana Inés de la Cruz decía: Sílabas las estrellas compongan, planteando que ahí hay un lenguaje misterioso en donde estamos tratando de descifrar lo que nos está aconteciendo, como si hubiera un gran libro de la naturaleza y ese gran libro es el libro del destino. 

De hecho en India existe un libro que llaman El libro del destino en donde los sabios antiguos comenzaron a explorar las posibilidades en el cielo. Hay sabios antiguos que han preservado estos textos que incluso se los saben de memoria, tienen tan interiorizados estos movimientos y ciclos de la naturaleza que incluso los unen a la respiración, logrando saber cómo se ha movido la tierra mientras los recitan. 

J.G: Sí, me encontré con estos acontecimientos tan extraños, estas guerras entre astrólogos en los tiempos de la Segunda Guerra Mundial; tanto los británicos como los alemanes, trataban de manipular a través de predicciones astrológicas los sentimientos de sus respectivos pueblos, para saber si estaban condenados o no al fracaso, para desanimarlos, en fin, se crearon ministerios de propaganda que nos plantean que las noticias falsas eran incluso noticias astrológicas falsas. Siempre ha sido muy inquietante saber hacia dónde vamos, sobre todo cuando nos enfrentamos a la incertidumbre. 

J.G: La libertad, libre albedrío y el determinismo que es: ya todo está escrito y no puedes cambiar absolutamente nada, tal vez son las dos caras de la misma moneda. El novelista Isaac Bashevis Singer decía con cierto humor, mordiéndose la lengua: Debemos creer en el libre albedrío, no hay de otra. El “no hay de otra” es el determinismo y el libre albedrío es la libertad.

Hacia el futuro pensamos que elegimos, cuando vemos la historia hacia el pasado, de repente uno dice: ¡Ah caray!, pero es que si yo tenía este tipo de padres, de ambiente, de entorno, de ideología, ¿pues cómo no me iba a relacionar con estas personas, o me iba a casar con esta persona, en vez de poder girar mi vida hacia otro lado?

Son momento muy sutiles en los que a veces tenemos la posibilidad de ver qué ahí se está dando un giro de la historia, de nuestra historia. El problema es que lo hacemos de una forma estereotipada, estamos acostumbrados a reacción siempre igual y somos muy predecibles, el momento de la libertad justamente tiene que ver con silencio y con esos momentos en los que de repente apreciamos que todo podría ser posible, bueno, no todo porque realmente el margen que tenemos no es tanto, dado que tenemos un cuerpo y no tenemos otro cuerpo, tenemos una historia, pero de repente aquí y allá hay márgenes que pueden ser del tamaño de un solo milímetro, pero que pueden hacer la diferencia en nuestros destinos y descubrir esos márgenes, creo que nos ayuda a descifrar cómo se van tejiendo nuestros destinos desde las maneras mas sencillas y sutiles. 

J.G: Los libros nos ayudan a descubrir otras posibilidades, en otras culturas, en otros tiempos, en otros espacios y cuando descubres eso, te das cuenta que tienes aquí y allá la posibilidad de reescribir tu propio destino, no que lo puedas cambiar por completo, pero sí hacer historias más interesantes. 

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