Por Ismael García M./Zona Roja

En materia electoral, la capital de Oaxaca siempre ha sido la joya de la corona. 

Todos la quieren, todos la desean, pero pocos terminan por convencer a los más de 350 mil habitantes de Oaxaca de Juárez.

La gobernaron por muchos años militantes del PRI; transitó a un gobierno del PAN, de Movimiento Ciudadano y ahora de Morena, pero sin excepción alguna, todos han fallado al electorado.

La transición a la izquierda comenzó hace cinco años, con Morena, pero el mal sabor de boca que dejó el primer trienio permea aún y su sucesor no ha podido superar ese tortuoso pasado ni dejar huella. Curiosamente, el gobierno municipal no ha tenido ningún militante del PRD.

El próximo 2 de junio, los capitalinos deberán optar por la reelección o por una nueva oferta política.

En sí, Morena tiene el reto de superar cinco años de escasos logros o dar paso a otro partido. Y virar hacia otro lado político no está nada lejos, por muchas razones.

VIRAJE CONSTANTE

Quizá harto de que ningún partido político satisfaga las necesidades del corazón del estado de Oaxaca y quizá hastiado de promesas, la capital ha cambiado desde hace por lo menos tres décadas de autoridades emanadas de partidos distintos al PRI.

Fue en 1994 cuando los habitantes de la capital decidieron poner un alto al PRI y optaron por un candidato ciudadano-partidista, Pablo Arnaud Carreño, surgido de Acción Nacional.

No hizo mal papel y por lo cual los capitalinos decidieron dar continuidad a otro ciudadano-partidista, en la figura del locutor Alberto Rodríguez González, pero éste último terminó por decepcionarlos, pues éste botó el cargo y dejó a un sucesor: Carlos Melgoza Castillo.

En 2021 decidió por una cara nueva, Gabino Cué Monteagudo, impulsado por el Partido Movimiento Ciudadano, aunque en su corta vida política, trabajó siempre para el PRI, al lado de Diodoro Carrasco Altamirano.

Tampoco terminó su mandato y se lanzó a la aventura de una gubernatura, dejando a María Luisa Acevedo Conde.

Por lo tanto, decepcionados, los capitalinos regresaron con el PRI, con Jesús Ángel Díaz Ortega, Manuel de Esesarte Pesqueira y José Antonio Hernández Fraguas.

De nuevo un viraje, ahora a la derecha, con el panista Luis Ugartechea Begué, pero el priismo volvió por sus fueros, con Javier Villacaña y de nuevo José Antonio Hernández Fraguas, quien cedió ante Morena.

Bajo el efecto Andrés Manuel López Obrador, ganó la presidencia municipal Oswaldo García Jarquín, quien pasó los años encerrado, sin hacer obras ni nada, con el pretexto de la pandemia, y frecuentando bares.

También con el efecto Obrador, ya dominando la mayor parte del país, ganó Francisco Martínez Neri, quien lleva dos años dos tres meses, busca repetir en el cargo, pero no ha convencido lo suficiente para ello.

MUCHOS ASPIRANTES

Hoy, además de Neri, la capital de Oaxaca ha despertado un inusitado interés y hay por lo menos media docena de aspirantes, de todos los colores partidistas, la mayoría de ellos sin ninguna posibilidad, ni siquiera de alcanzar una regiduría.

Están por ejemplo Juan Rafael Rosas Herrera, aliado del priista Javier Villacaña y quien le ha puesto su menguada estructura territorial. 

El ex dirigente del Sindicato de Burócratas cree aún tener poder y dinero del gremio de trabajadores más grande del estado y buscó cobijo en el partido MUJER, de reciente creación y ligado a líderes de la Confederación Internacional de Trabajadores, concretamente Marcos Sánchez.

Pero Villacaña —enojado por haber sido retirado de la dirigencia estatal del PRI— tiene también otra apuesta y es la priista Jocabed Betanzos, actual regidora por el PRI y quien busca la presidencia municipal por el Partido del Trabajo, instituto político que sin Morena, no es nada.

Pero además, la joven ha vendido la idea a Benjamín Robles Montoya que tiene todo el respaldo de los cristianos evangélicos, lo cual está muy alejado de la realidad.

¿Quién es Pablo Alberto Ramírez Puga? Un joven inexperto de la política que pretendió buscar el apoyo de su partido, el PRI, pero al no tener ninguna posibilidad de garantizar un triunfo, tuvo que recurrir al Movimiento Ciudadano.

Su único “logro” es ser hijo de Héctor Pablo Ramírez Puga Leyva, político que ha militado en todos los partidos, incluyendo ahora en Movimiento Ciudadano, desde donde pretende impulsar a su vástago… sin éxito alguno.

POCOS CON CAPACIDAD

Sólo dos personajes tienen posibilidades reales de gobernar la capital del estado de Oaxaca.

Uno es Francisco Martínez Neri, pero en lo político ha tenido que sortear una serie de dificultades, incluyendo las trabajas en su mismo partido, Morena.

Recientemente la ciudad vivió una intensa jornada proselitista —que no ha sido sancionada, pese a la abierta promoción política— de varios aspirantes.

Luis Alfonso Silva Romo, siempre a la sombra de Noé Jara Cruz, quien le puso estructura y recursos públicos del Estado; pese al millonario derroche y al apoyo oficial, no logró avanzar en las encuestas y quedó relegado.

Liz Arroyo, también morenista, hizo campaña política a lo largo y ancho de la capital, pero sin estructura ni coordinación ni respaldo, tuvo que ser también hecha a un lado.

El ex rector de la UABJO y ex diputado federal tiene una larga historia que comenzó desde su primera campaña política en que, pese al rechazo de la dirigencia de Morena en la entidad y al entonces candidato a gobernador, logró ganar las elecciones.

Hoy lleva dos años dos meses al frente del ayuntamiento, pero ha enfrentado una serie de dificultades, producto de un equipo de trabajo que le impusieron por los varios compromisos políticos.

Y desde adentro le han jugado las contras, como es el caso del secretario de Gobierno, Felipe Canseco Ruiz, para minar su gobierno. 

Carga sobre sí además, las escasas obras públicas, la eterna crisis de la basura, la nula regulación del Centro Histórico, el ambulantaje aún sin control… y el rechazo oficial desde el Palacio de Gobierno.

Por el mismo rechazo del gobernador de la entidad, que en absoluto le ha mostrado respaldo político, Martínez Neri tuvo que refugiarse en Amador Jara Cruz para sobrevivir.

La decisión de convertirlo en candidato no tuvo mayor cisma, pues a los demás aspirantes les dieron premios de consolación; sin embargo, el actual edil no tiene un panorama halagüeño para repetir en el cargo, pues enfrenta principalmente el “fuego amigo”, administrativa y políticamente.

El otro es Martín de Jesús Vásquez Villanueva, de los pocos priistas que no ha dejado a su partido por el canto de la sirenas del morenismo.

Ha sido diputado local, diputado federal, funcionario en los sexenios de Diodoro Carrasco, José Murat, Ulises Ruiz y Alejandro Murat.

Como titular de los Servicios de Salud logró hasta reconocimiento del Congreso del Estado por las múltiples obras que impulsó; pero también señalamientos de corrupción, ninguno de los cuales prosperó formalmente.

Quizá estas acusaciones le han generado puntos negativos pero, a decir del galeno, cuenta con un documento de la Secretaría de la Contraloría —mismo que mostró en redes sociales el año pasado— que lo exime de cualquier responsabilidad.

Desde hace más de tres lustros reside en la capital oaxaqueña, desde donde ha visto y vivido las problemáticas, para lo cual ha promovido soluciones técnicas e integrales, a través de expertos a nivel nacional.

Decidió buscar la capital bajo el cobijo del PRI y también tiene el apoyo del PAN, aunque el PRD no se ha pronunciado abiertamente en su respaldo y tampoco tiene su propio candidato.

¿Puede Martín Vásquez vencer a Martínez Neri? ¿Puede el PRI regresar al poder con la joya de la corona?

Tiene muchas posibilidades y el principal factor es Xóchitl Gálvez, que día con día crece en simpatías y arrastra o arrastrará, seguramente hacia muchos triunfos.

Tiene también el respaldo de un sector importante del morenismo que no apostó por el actual presidente municipal y que está decidido a cobrar afrentas. La moneda está en el aire.

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