Por Carlos Martínez García

Las identidades religiosas tienen repercusiones sociales. No se circunscriben sólo a las experiencias espirituales personales, también construyen percepciones de la realidad y formas de incidir en ella. Esto lo ha documentado e interpretado bien Carlos Garma Navarro durante sus cuatro décadas de fructífera vida académica.

La próxima semana tendrá lugar en la Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa el homenaje al doctor Carlos Garma por 40 años de trayectoria académica. Durante dos días varios ponentes van a disertar sobre temas acerca de los que ha publicado investigaciones Garma Navarro. Es un acierto del Departamento de Antropología de la UAMI llevar a cabo tanto el reconocimiento al personaje como el análisis de sus contribuciones al estudio del campo religioso mexicano. Seguramente los investigadores congregados para exponer el amplio abanico de la producción “garmiana”, van a referir el periplo seguido por el antropólogo desde que inició investigaciones entre los indígenas protestantes totonacos hasta los frutos más recientes de un observador/estudioso agudo de las transformaciones religiosas acontecidas en el país.

Desde su tesis de licenciatura en antropología social Carlos Garma se interesó por los cambios religiosos en sociedades predominantemente indígenas. En 1983 presentó como trabajo de titulación Poder, conflicto y relaboración simbólica. Protestantismo en una comunidad totonaca. En los agradecimientos Garma Navarro expresó que siempre tendría una deuda con “la gente de la Sierra Norte de Puebla que trató tan bien a ese joven de apariencia desaliñada que parecía estar fuera de lugar y hacía tantas preguntas”.

Nadie llega a investigar a un grupo social sin tener presuposiciones, imaginarios, horizontes cognitivos e intereses de distintos tipos. La cuestión es ser consciente de lo anterior y buscar comprender las razones de quienes optan, como en el caso de la inicial investigación antropológica de Carlos Garma, por una identidad religiosa distinta a la tradicional y predominante. Es importante señalar que hace cuatro décadas, en el tiempo que fue presentada la tesis de Garma Navarro, la tendencia mayoritaria entre los pocos investigadores del cambio religioso era estigmatizadora de quienes elegían una confesión juzgada por los especialistas como ilegítima y portadora de intereses políticos exógenos a la comunidad. Por su parte, Garma percibió que los totonacos convertidos al protestantismo, desde su nueva identidad elegida, relaboraban no sólo su herencia tradicional, sino que también potenciaban nuevas formas de construir comunidades para relacionarse económica y políticamente con su entorno.

Carlos Monsiváis enfatizó que de los evangélicos/protestantes “los más pobres son los más vejados, y los pentecostales la pasan especialmente mal, por su condición de ‘aleluyas’, gritones del falso Señor, saltarines del extravío. El respeto a lo diferente es inconcebible y si a los herejes se les persigue es porque se la buscaron” (“De las variedades de la experiencia protestante”, en Roberto Blancarte, coordinador, Los grandes problemas nacionales de México: culturas e identidades, vol. XVI, El Colegio de México, p. 77). Precisamente a dichos “extraviados” dedicó tiempo Carlos Garma para elaborar una obra destacable: Buscando el espíritu: pentecostalismo en Iztapalapa y la Ciudad de México (Plaza y Valdés-UAM-I, 2004).

En Buscando el espíritu… el autor se adentró en su objeto de estudio con un principio metodológico que recorre toda la obra, supo diferenciar claramente su función de observador con la de identificarse con el ethos de los sujetos a investigar. Así, confiesa: “Si bien escribo como lo que soy, un científico social, la belleza y emoción de las palabras de la fe nunca me fueron indiferentes […] Creo que las categorías del científico social y del creyente deben ser diferentes, pero también sostengo que las categorías de análisis científico no deben degradar y mutilar las profundas creencias del creyente para conformar una caricatura grotesca que puede dar la apariencia de cientificidad objetiva” (pp. 17 y 23).

La obra publicada de Carlos Garma Navarro es muy amplia, está conformada de libros escritos por él o bajo su coordinación. Igualmente queda evidencia de su prolificidad en revistas de antropología y ciencias sociales, tanto nacionales como extranjeras. El público no especializado en las temáticas investigadas por el antropólogo tal vez pueda conocer sus aportes a la comprensión del dinámico campo religioso mexicano mediante un texto, el cual resume sus hallazgos y perfila horizontes para seguir profundizando en el tema. Se trata de Conversión y movilidad religiosa, propuesta para su análisis, trabajo publicado en 2018 (https://acortar.link/YbiJrL).

Si bien Los Ángeles Azules han posicionado a Iztapalapa como meca musical global, de la misma forma Carlos Garma Navarro ha puesto en el radar de los antropólogos y científicos sociales que estudian los movimientos religiosos el centro en el que trabaja, la Universidad Autónoma Metropolitana, plantel Iztapalapa.

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