Por Ismael García M./Zona Roja

¿Quién ganó el debate? Da igual, pues las dos candidatas y el candidato a la Presidencia de México aseguraron, apenas terminado el acto político, que superaron a sus respectivos rivales.

En realidad cualquiera puede decir lo mismo porque es un arma político-propagandística, pero eso no cambia mucho la percepción que ya tienen los mexicanos de Claudia Sheinbaum, Xóchitl Gálvez y Jorge Álvarez Maynez.

Este último, por cierto, es muy probable que decline por alguna de las dos, pues le serviría más a una de las candidatas los mil votos que obtenga, que quedarse hasta el final de la contienda.

El caso es que el primer debate presidencial, organizado por el Instituto Nacional Electoral, no fue nada diferente a los que han sucedido en años atrás.

Fue acartonado, con un guión bastante rígido y con una lucha de lodo de todos entre todos. De acusaciones al por mayor, y de propuestas en segundo plano. ¿Quién perdió? La sociedad mexicana, que se quedó esperando un intercambio positivo de ideas, una serie de propuestas para mejorar las condiciones sociales y económicas del país. Pero nada.

FACTOR AMLO

En términos generales, sigue pesando el nombre de Andrés Manuel López Obrador y es natura, lógico. Pero que todo ruede en torno al Presidente de México ya es una exageración.

Los hijos del mandatario y sus presuntos actos de corrupción con sus amigos empresarios; el Tren Maya, la refinería de Tabasco, el Aeropuerto Internacional “Felipe Ángeles”, la inseguridad y el crimen organizado; las dádivas a través de los programas sociales.

Las declaraciones políticas y las sanciones que le ha impuesto la autoridad electoral al tabasqueño por atacar a Gálvez. 

En torno a ello rondó el supuesto debate; una defendiendo y otros atacando; una alabando, otros criticando. 

En los últimos ocho meses que le quedan de gobierno, López Obrador seguirá siendo el eje del discurso nacional, aunque ya en declive y con cada vez más señalamientos de actos de corrupción y de mala administración.

Pese a ello, aún cuenta con amplio respaldo popular pues, por ejemplo, de acuerdo con el más reciente sondeo del diario “El Financiero”, a dos meses de que se lleven a cabo las elecciones federales, el Presidente registra 58 por ciento de aprobación ciudadana a su trabajo y 41 por ciento de desaprobación.

“Según el estudio, el respaldo popular al mandatario tuvo una variación de dos puntos con respecto del mes anterior y por segundo mes consecutivo, luego de que en enero pasado registrara 54 por ciento de aprobación”, refiere el rotativo.

CLAUDIA SHEINBAUM

Pero el nombre y la figura de López Obrador seguirá siendo una pesada losa para Claudia Sheinbaum, quien lleva un año en campaña política, desde que era mandataria de la Ciudad de México.

Y desde entonces no ha podido, en absoluto, quitarse de encima la figura presidencial, desde que mucho antes de las “encuestas” para elegir al postulado por Morena, ya se sabía que sería Claudia.

El dedo presidencial de López Obrador ya la tenía marcada y así se dio la imposición, por encima de mejores cartas como, por ejemplo, Marcelo Ebrard. 

La operación “cicatriz” vino luego, aunque incompleta, pues otro de los aspirantes, Adán Augusto López, optó por otro derrotero político, en lugar de sumarse a la campaña electoral de la ex jefa de Gobierno.

Le queda poco menos de dos meses a Claudia para dar un giro a su oferta política y a su campaña, e incluso deberá deslindarse paulatinamente de Obrador.

De lo contrario seguirá siendo la candidata oficial del Palacio Nacional y, por supuesto, seguirá cargando con los negativos de Andrés Manuel, que continuarán creciendo a medida que termine su sexenio. 

XÓCHITL GÁLVEZ

“México tendrá una presidenta indígena”, afirmó Xóchitl Gálvez Ruiz al término del supuesto debate de este domingo.

Puede ser, pero la hidalguense y senadora con licencia no ha podido quitarse la marca anti AMLO para presentarse como una figura política auténtica, no contestataria, sino propositiva.

Lo que llama la atención es que tiene menor tiempo en campaña y su principal impulsor ha sido Andrés Manuel López Obrador, desde que le negó derechos de réplica y desde que fue mencionada de manera constante en las conferencias matutinas del Presidente.

Prácticamente su figura política partió de ahí, a pesar de que la empresaria y ex funcionaria de Vicente Fox ya traía una trayectoria propia y ha crecido paulatinamente.

Pero también la marca López Obrador puede ser la tumba de Xóchitl, pues la persistente focalización de su discurso contra el Presidente podría estarle minando votos.

Sus asesores le aseguran que atacar a AMLO es golpear a Claudia Sheinbaum, pero puede ser contraproducente.

Lo cierto es que la aspirante del PRI-PRD-PAN deberá reconfigurar su estrategia si quiere revertir las tendencias de las encuestas —que, por supuesto, favorecen a quienes las pagan— para ganar más adeptos.

Lo cierto es también que Morena carga a cuestas una pesada losa de corrupción y de decisiones verticales, sujetas todas a Obrador. Lo cierto es que el Presidente va en declive y esa oportunidad deberá aprovechar Gálvez para alcanzar a más electores.

¿QUIÉN ES MAYNEZ?

Jorge Álvarez Maynez no existía políticamente, hasta que al gobernador de Nuevo Léon, Samuel García, le fue impedido ser candidato presidencial. No había otro u otra para postular, pues el dueño de Movimiento Ciudadano, Dante Delgado, no tiene más opciones.

Así que prácticamente salió de la chistera y hoy no es nadie; Álvarez Maynez no tiene ni cinco por ciento de las preferencias electorales y los militantes de ese partido político son muy escasos en todo el país. 

Así que sólo tiene dos caminos, declinar a favor de alguna de las candidatas —que ya perfiló a favor de Claudia— o regresar al ostracismo… y a la vida disipada con su compadre Samuel.

SERÁ MUJER

México tendrá por primera vez en su historia a una mujer Presidenta. Sí, pero quien sea deberá cambiar diametralmente su discurso y sus propuestas. 

Deberán considerar, ya, un alto a las diatribas, chismes, ataques, señalamientos, aunque digan que forman parte de las campañas electorales.

Deberán proponer que quieren para el país; qué rumbo seguimos o hacia dónde viramos.

Pero lo más importante, ¿qué ofrecen a las y los mexicanos, ante un país sumido en la inseguridad y con un crimen organizado que se extiende cada vez más y más? ¿Qué ofrecen para acabar con la desigualdad social, porque los millonarios cada vez son más multimillonarios y los pobres cada vez más pobres? ¿Le vamos a seguir dando abrazos a los delincuentes? O los enfrentamos.

Los debates electorales sirven para los reflectores mediáticos de las y el candidato pero no más. Sirven para sacar desahogar frustraciones y para seguir dividiendo al país. Pero no tienen nada de confrontación civilizada y propositiva.

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