Por Pablo Espinosa

Como una mariposa en la palma de tu mano. Así suena la música de Irena Havlova y Vojtech Havel. Sentimos en la palma de la mano el latir de las alas de la mariposa. Cosquillitas. Percibimos la respiración del lepidóptero, apreciamos su quietud. Porque cuando se queda quieta, la mariposa vuela, flota, esparce un polvillo mágico que cae sobre nuestro rostro y le pinta una sonrisa.

Irena y Vojtech se enamoraron en la universidad; él estudiaba música, ella iba para científica. Durante décadas han cultivado un amor que nos inunda el alma cada vez que escuchamos la música que ellos escancian.

Son grandes héroes de la resistencia en la República Checa. Al igual que Arvo Pärt, hicieron su revolución musical a pesar del pinche Stalin y enarbolan un orgullo que comparten en cada concierto, en cada disco, en cada sonrisa.

Son conocidos como los Havels.

Muy jóvenes formaron parte de la Capella Antiqua e Moderna, cuyo repertorio iba del Renacimiento a la actualidad. Desde entonces, la originalidad, la audacia, la experimentación, pero sobre todo la solidez de su discurso sonoro son su distintivo.

Prontamente se apartaron de aquella práctica extendida de tocar música antigua con instrumentos de época y con la mayor fidelidad posible al estilo de tiempos idos. Por el contrario, sus intervenciones siempre fueron disruptivas, originales, bellas.

La belleza es la esencia de la música de los Havels, porque Irena y Vojtech son antes que nada poetas. La música que hacen, siempre creaciones propias, es poesía en estado puro. Desde los títulos de sus obras, la poesía los representa. Es una condición natural de sus quehaceres.

Recomendaré aquí algunos de sus discos, de entre su amplia obra: en primer lugar, el álbum titulado Like a Butterfly on Your Palm (Como una mariposa en la palma de tu mano), de 1998, cuya estructura nos recuerda la repartición que hizo Johann Sebastian Bach de sus Variaciones Goldberg, simplemente numerando sucesivamente los episodios que son en realidad improvisaciones, creaciones en el instante.

Irena y Vojtech son muy poderosos creadores. Dominan muchos instrumentos y posibilidades expresivas. Su ubicación fundamental es que ambos son originalmente intérpretes de violonchelo y de ahí han derivado en situaciones tan atractivas como que ella adoptó la viola da gamba, ese instrumento de exquisita presencia, como su medio fundamental de expresión, mientras Vojtech alterna, para hacer dúo con ella, el violonchelo barroco con el violonchelo moderno.

Cuando se conocieron, ella estudiaba microbiología y tocaba la guitarra, la trompeta y otros varios instrumentos. Era 1983. Vojtech se acababa de graduar en el Conservatorio en violonchelo y piano. Llevan 40 años de amor y música juntos.

Al principio tocaron, además del repertorio renacentista con el ensamble especializado en el que participaron, jazz, rock, indie y muchos estilos musicales, a placer.

Formaron parte de la gran oleada cultural que se desarrolló en Praga en torno a la música y la poesía. Ahí comenzaron a forjar un estilo que a la fecha es inclasificable. Entre sus compañeros de ruta están desde el principio otras figuras de relieve internacional, todos ellos de nacionalidad checa, como Jiri Stivin, multiinstrumentalista; también, el legendario baterista Alan Vitous; el guitarrista Tony Ackerman y bailarines notables, como Karel Vanek y Eva Cerna, además del pintor Radek Pilar, entre una legión extensa de grandes artistas de vanguardia.

A partir de la combinación viola da gamba / violonchelos, los Havels tienen otros senderos que se bifurcan: viola da gamba y piano, que es el caso del hermoso disco titulado Como una mariposa en la palma de tu mano; piano a cuatro manos; piano y violonchelo y voz (ambos cantan); piano, violonchelos y percusiones; piano, violonchelo y una infinidad de efectos electroacústicos.

En el caso del piano a cuatro manos, existe en YouTube un video cuyo regocijo recomiendo: maneras muy peculiares, que sólo ellos poseen para la interpretación musical. Una pieza de una treintena de minutos se inicia con notas desde el centro del teclado del piano, activadas por Irena, y como en el compás 15, aparecen dos manos a los lados de las manos de ella: es Vojtech, quien comienza un flujo suave, un torrente en calma, una serie de oleadas de sonido que embelesan. Está de pie, detrás de Irena, a quien abraza al mismo tiempo que hace música. Ella está sentada, en concentrada acción en el centro del teclado del piano.

Quince compases más adelante, de manera imperceptible, Vojtech está sentado en el mismo banco frente al teclado del Steinway, junto a ella, en la posición tradicional, pero con variantes amorosas que lindan lo sublime: ella entona cantos sin palabras con las teclas agudas mientras él acompaña el canto con una suerte de abrazo sonoro poderosísimo. Dos torrentes.

De pronto, ella está tocando cantinelas armadas con brazos cruzados, mientras él abraza esos sonidos y nos invade la sensación icónica inevitable: es la representación en sonidos de El beso, el óleo distintivo de Gustav Klimt.

Es momento de decir lo más importante: la música de los Havels es inclasificable y es la más poderosa de todas las músicas por eso mismo, porque es inasible, porque no se deja atrapar en compartimentos estancos ni en etiquetas inservibles. Su naturaleza es la libertad.

Por eso dan ternura los esfuerzos de quienes no pueden vivir sin poner nombre a lo que no lo necesita y se inventan terminajos como los siguientes: desde el muy conocido término ambient, hasta los neologismos posminimalismomodern classicalavant-folkPasumecha.

Ciertamente, la repetición de notas es una de las características de la música de los Havels, pero ya sabemos que no todo lo que repite notas es minimalismo. Lo de ellos, los Havels, es la creación de estados del alma. Un estado de serenidad, paz interior. Todo está en calma y todo está en su sitio y en un mundo tan lleno de violencia, horror, personas que se obstinan en abrir su corazón al mal, a la ambición, al autoritarismo, a la violencia, a la obsesión de molestar a los demás, tienen en esta música algo así como el ajo contra los vampiros.

Observamos con claridad una lógica de discurso en la línea del tiempo de la historia de la música. Por ejemplo, los principios que inventó Harold Budd, compositor y poeta al igual que los Havels. También, por supuesto, la presencia de Brian Eno, en especial su Música para aeropuertos, acude en varios momentos de las obras de los Havels.

Estamos frente a una música maravillosa, llena de armonía, plena de belleza. Hay discos que se ciñen a ese espíritu en calma, a ese estado de paz, como los titulados Little Blue Nothing, Music of Silence, Light Circles, Tenderly to Light, Lines of Shadow, On the Wind Softly, The Moon in the Sky y el primero que grabaron: Hata H.

Hay otras grabaciones, sobre todo las que originalmente fueron preparadas para películas, que toman otros senderos donde las disonancias, distorsiones, giros electroacústicos y otros efectos, conducen a otros ámbitos, otras estancias.

La música para viola da gamba y violonchelo barroco es la primordial de los Havels. Su obra para piano a cuatro manos es sencillamente sublime. Su poética es una actitud frente a la existencia, una forma de meditación, una sonrisa permanente, una manera de celebrar la vida y sus misterios.

Nace del silencio y viaja hacia la luz. Surge en la luz y camina en silencio. Es tan apacible, tan quieta, que asemeja un ave en vuelo sostenida en el horizonte, inmóvil. Quieta como la luz. Firme como el silencio. Su resplandor es blanco, intenso, apacible.

Su estruendo es un suspiro de hada, es el sonido que hace el filamento del diente de león al comenzar a desprenderse mientras el círculo que formaban todos los filamentos va cambiando su condición de esfera a la de luna menguante.

Música vegetal, su savia fluye en silencio, en calma. Música de oropéndola, trino de oro, llamado y respuesta. Música de tomillo, romero, madreselva. Música de canto de aves alimentadas bajo el abrigo de las hojas del helecho. Música bromelia, lavanda, glicinea, salvia. Esplendor de la naturaleza.

Eso, la música de Irena y Vojtech Havel es una fuerza poderosa de la naturaleza, la naturaleza humana, tan frágil, tan bella, tan nuestra.

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