Por Paola Flores

Este ocho de marzo, Día Internacional de la Mujer, oaxaqueñas protestaron para denunciar a deudores alimentarios y exigir justicia ante las desapariciones y feminicidios. En la capital del estado la marcha inició en el Monumento a la Madre al oriente de la ciudad. Esta es una narración visual de los hechos.

Una madre con sus dos hijas esperan sobre avenida Independencia para sumarse al contingente.

Foto: Paola Flores

Las manifestantes avanzan sobre avenida Independencia.

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Una de las principales denuncias fue en contra de los deudores alimentarios.

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Y por las mujeres desaparecidas y víctimas de feminicidio.

Por Paola Flores
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Exigían justicia y el esclarecimiento de cada uno de los casos.

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Las consignas llenaron el espacio público: las gritaban, se leían en los carteles, en paredes de bancos, iglesias y en las maderas protectoras que iban derribando a su paso.

Fue un júbilo para ellas cuando tiraron las láminas y maderas que resguardaban estos espacios.

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Las personas observaban y ellas pedían no ser grabadas.

Frente al restaurante Mayordomo, acusado de encubrir a violentadores, la protesta se recrudeció.

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Frente a Palacio de Gobierno gritaron: No tenemos miedo.

Desde adentro extinguieron el fuego. Llegó la Policía Estatal y los bomberos.

Las mujeres se atrincheraron sobre la calle Flores Magón, a un costado de Palacio de Gobierno para impedir el paso de los elementos.

Mientras ellas protestaban los transeúntes continuaban su camino. Un hombre recogió las láminas tiradas y se las colgó en la espalda.

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Esto duró unos 20 minutos más. Hasta que desde dentro de Palacio gasearon a las manifestantes. El lacrimógeno llegó varias calles alrededor. Turistas y ciudadanía se tapaban la cara y se rociaban coca para superar el ardor en ojos, nariz y boca.

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Así terminó la jornada de protesta. En esta imagen se observa una de las maderas que protegía el banco Scotiabank. Al ser retirada más temprano, cayó sobre la cabeza de una de las manifestantes.

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A las ocho y media ya todo había pasado. Se observaban únicamente los mensajes en la cantera. Locales y extranjeros se detenían a leerlos.

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Los servicios de limpieza llegaron y de los restaurantes, que hasta ese momento habían permanecido cerrados, salieron los trabajadores a recoger escombros y borrar pintas.

Este ocho de marzo coincidió con el Día de la Samaritana, marcado en el calendario eclesiástico. A medio día hubo quienes prefirieron salir por un vaso de agua para refrescarse del calor, que durante este día alcanzó los 35 grados.

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