Por Ismael García M./Zona Roja

No se trata de demeritar ni su inobjetable triunfo ni su capacidad profesional ni su género, pero todo apunta que Claudia Sheinbaum no gobernará México.

Será Andrés Manuel López Obrador quien lleve desde su rancho “La Chingada” los hilos del poder, que de hecho comenzó a tejer desde que hizo todo lo posible para designarla primero precandidata, luego la favorita, luego la marcó con la entrega del bastón de mando, hasta conseguir que fuera próxima mandataria.

Pero, todo esto no lo dicen los opinadores por razones propias o sin argumentos válidos, ni los medios informativos supuestamente contrarios a la llamada Cuarta Transformación.

Porque quien se ha empeñado en crear esa realidad es el propio Presidente de México, decidido a cada momento a imponer su estilo de gobierno y hasta sus allegados al próximo gabinete presidencial.

No se trata, insistimos, de descalificar a Claudia Sheinbaum Pardo; mucho menos denostarla o poner en duda su victoria en las urnas, el pasado 2 de junio.

Se trata de la marca obradorista que ha puesto el propio Presidente a cada paso que da Claudia, al grado de sugerirle, por ejemplo, que continúe con las conferencias matutinas, entre otras propuestas.

TRIUNFO INDISCUTIBLE

Nadie duda, reiteramos, de la holgada victoria de la ex jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

Sí había dudas, previo a los comicios, de la posibilidad de triunfo o cuando menos un empate técnico con Xóchitl Gálvez Ruiz, candidata del PAN, PRI y PRD.

Pero de la forma que haya sido, así sea comprando votos, Morena demostró su poder en las urnas.

De acuerdo con los datos finales del Instituto Nacional Electoral, Claudia Sheinbaum alcanzó 35 millones 923 mil 984 votos, tras el recuento total de los cómputos distritales.

La aspirante de “Fuerza y Corazón por México” (PAN-PRI-PRD) registró 16.5 millones de votos, un 27,45% de las personas que acudieron a depositar su boleta. 

El candidato de Movimiento Ciudadano, Jorge Álvarez Máynez, obtuvo 6.2 millones de apoyos que le dejan con un 10.32%, mientras que la participación ciudadana fue de un 61.04% de los mexicanos.

Xóchitl Gálvez, senadora con licencia, no tardó mucho en reconocer el triunfo de Claudia Sheinbaum y, aunque presentó impugnaciones, no precisamente se refieren a los votos o fraude en las urnas.

Tan mal le fue a los partidos opositores a Morena que, por ejemplo, el PRD perdió prácticamente su registro, luego de 37 años de ser el partido de izquierda, que representó los anhelos de millones de mexicanos contrarios al PRI.

¿Pero de verdad Morena-López Obrador convencieron a los votantes por sus bondades? No, pero será historia para otra ocasión. Lo que sí podemos adelantar es que Morena compró y coptó todo lo que quiso y pudo, a cambio de otorgar impunidad y cargos. Así desbarató a la oposición.

LAS SEÑALES

Como detallamos, López Obrador hizo hasta lo imposible para que fuera Claudia la candidata, bajo engañosas encuestas que dejaron a algunos, como Adán Augusto López, inconformes.

Después, instruyó a los gobernadores morenistas para que prepararan recepciones a la precandidata, bajo argumentos de dar conferencias, aunque fueron actos de precampaña ajenos a la ley.

Y al final la impuso como candidata y luego la impuso como futura Presidenta de México. Claro, bajo el disfraz partidista fue Morena y sus aliados, pero por supuesto que pudo más la marca obradorista y la determinación de Obrador de dejar a una sucesora a modo.

Pero si en la precampaña y la campaña todas fueron señales obradoristas, ya en el proceso postelectoral todo sigue siendo igual.

No había pasado una semana cuando el Presidente ya había felicitado a Claudia por su triunfo; apenas pasó una semana cuando ya la recibió en Palacio Nacional en una comida privada, previo beso impositivo que la periodista oaxaqueña Soledad Jarquín describe como patriarcal.

No más de ocho días también y ya le impuso al secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O. 

En Palacio Nacional, después de la comida privada, Sheinbaum fue prácticamente obligada a dar una conferencia de prensa en el mismo Salón de Tesorería donde López Obrador da cotidianamente sus “mañaneras”.

Ahí, la futura Presidenta no tuvo más que comprometerse a impulsar el plan “C” del Presidente, que no es otra cosa más que reformas constitucionales para modificar el Poder Judicial federal y organismos autónomos, lo que originó el debilitamiento del peso mexicano y una crisis financiera hasta ahora no controlada.

Y no se cumplían las dos semanas, cuando ya la llevó a una gira, el pasado fin de semana, por entidades del norte del país.

En lo único que no ha fijado una postura clara la futura mandataria es si seguirán los abrazos a la delincuencia, aunque la estrategia podría continuar, pese a los desastrosos resultados.

Lo cierto es que la “política social” de AMLO continuará y se incrementará, según ya ha anunciado Sheinbaum; la política financiera también; la crisis en materia de salud seguirá sin cambios mediante IMSS Bienestar. 

Es decir, Claudia Sheinbaum seguirá al pie de la letra el guión que le ha impuesto Andrés Manuel López Obrador. La pregunta es: ¿cuánto tiempo tardará la Presidenta electa para sacudirse el pesado yugo obradorista, si es que lo hará?

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