Por Paola Flores 

El periodista Julio César López Arévalo se aventuró a narrar personajes centrales y anónimos que formaron parte de los movimientos armados de México. Su relato describe la relación que existía entre los distintos grupos y la intención de crear un gran frente guerrillero unitario desde la Sierra Madre Oriental, Oaxaca y Guerrero, hasta los confines del sur de Chiapas.

En su más reciente libro La revolución imposible, recrea anécdotas que —el autor confirma— sólo encuentran cabida mezcladas con la ficción y que no son la historia definitiva. En la presentación de éste título en el Libre Espacio La Jícara detalló la construcción de ésta obra: necesaria y acertada. 

Contó que cuando concibió el texto, creyó que lograría escribir una novela, misma que se llamaría La generación perdida, aludiendo a las vidas de todos esos hombres y mujeres que se entregaron por completo a la causa revolucionaria y por ello creó a Helena, la guerrillera pelirroja de inusitados ojos negro, e incluyó a la doctora Mariana, que es tan real que serviría como escucha y gurú del narrador.

Pero al paso del tiempo acabó reconociendo que no le era posible terminar la novela: “al cabo de los primeros capítulos, se me borró por completo la trama concebida en mi cabeza desordenada. Después, pensé en quitar el drama y la historia de amor con la guerrillera imaginaria e ir directo al grano. El libro se llamaría Las escisiones secretas del EPR; título que seguro me haría de enemigos que representarían un peligro real para mi vida.”

Al final se decidió por una mezcla entre ficción y realidad. Su única exigencia y compromiso fue resguardar los nombres reales de los actores; excepto aquellos que ya son más que públicos en la arena nacional.

Alentando por un público entusiasta que se congregó este miércoles para escucharle y por su amigo y colega, Pedro Matías que lo acompañó en la presentación, Julio se extendió por casi dos horas recordando historias y trayendo al presente la lucha, cuyas semillas se esparcieron a lo largo de todo el sur de México.

Él considera importante que cada movimiento escriba su historia: “sería muy bueno para el país que todas las organizaciones contaran su historia, sería muy saludable que se contara la historia desde la perspectiva de la gente que lo vivió”. 

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