Pronunciamiento del Espacio Estatal del Maíz Nativo en la edición 2024 de la Guelaguetza en la vida cotidiana
Hace algunos años en la mayoría de las comunidades de Oaxaca se practicaba común y cotidianamente la guelaguetza, gueza, guzun, mano vuelta, según se le llame a esa costumbre ancestral en las lenguas indígenas del estado. La guelaguetza, entendemos entonces, es una forma ancestral de convivencia que nació en Mesoamérica y que esta muy ligada a la milpa, podemos decir que la convivencia con el maíz a o largo de los siglos enseñó a las personas a organizarse para su cuidado; en alguna medida entonces guelaguetza es intercambio de trabajo entre iguales para solucionar un problema, generalmente familiar.
Se expresa como trabajo para organizar la fiesta; como cuando se establece compromiso de ayuda mutua entre familias para realizar una fiesta importante como un casamiento, para lo que se necesitan aportaciones materiales como maíz, frijol, gallinas, guajolotes, o animales mayores que serán consumidos por los invitados; o aportaciones de trabajo para hacer tortillas, rajar la leña, poner la lona o la enramada, acarrear las mesas y sillas, etc. Quien aporta en alguna medida está haciendo un ahorro para cuando le venga la necesidad.
También se utiliza para resolver la sobrevivencia cotidiana; por ejemplo: para hacer la milpa se puede hacer guelaguetza al momento de la siembra, la limpia y arrime de tierra (que es un trabajo muy pesado), la cosecha, e incluso la desgranada del maíz. Hacer estos trabajos en colectivo, es gratificante y hasta festivo, porque avanza rápido el trabajo de todos los involucrados en el compromiso; pero además se presta para convivir: trabajar juntos, comer juntos, beber juntos, regularmente platicando las anécdotas que van saliendo, a fin de estar al día en los asuntos de la comunidad o las familias, o recordando historias pasadas. La guelaguetza nos ayuda a construir comunidad, desde aquí se construyen los consensos que luego pueden ser llevados a la asamblea.
Pero al capitalismo la guelaguetza le estorba, la quiere desaparecer o al menos, como en Oaxaca, asimilarla a sus necesidades. ¿Cómo es posible que se trabaje sin la intermediación del dinero? Eso está contra la ley de apropiación del trabajo ajeno a cambio de un salario, por decirlo de una manera suave, entonces desde su óptica es necesario acabar con esas formas arcaicas de sobrevivencia, de organización, de resistencia.
Afirmamos también que la guelaguetza no es fiesta, como lo hemos dicho ya, es trabajo que se intercambia y puede utilizarse para hacer una fiesta; pero eso que llaman guelaguetza oaxaqueña es folklorización y extractivismo cultural que solo ha beneficiado a quienes detentan el poder económico en la ciudad de Oaxaca, desde eso que han denominado industria turística.
En ese afán de acabar con la identidad de los pueblos de Mesoamérica, el capital también ha tratado de herir su corazón, arrancarles su esencia. Después de haber contaminado los maíces nativos de Oaxaca y otros lugares de origen y diversidad genética de este maravilloso y milenario grano, quiere que las empresas trasnacionales que pretenden controlar la alimentación mundial, lo detenten como su propiedad.
El afán ha sido tanto que el modelo capitalista ha metido al maíz en una disputa internacional para imponer a nuestro país la libre circulación por su territorio de maíces modificados genéticamente. Ahora que nuestros gobiernos mexicanos han permitido que los tratados comerciales se pongan por encima de la soberanía de los países del mundo, se han arriesgado a llevar la disputa a tribunales internacionales donde lo que importa es el comercio.
Por eso hoy nos atrevemos a reivindicar la defensa de nuestras semillas nativas de maíz y nuestras formas propias de organización como la guelaguetza, como expresiones de resistencia cotidiana para enfrentar el modelo depredador que intenta desaparecer o asimilar nuestras culturas. Invitamos a la población de este planeta a sumarse a la resistencia y se decidan de acuerdo a sus posibilidades a sembrar sus semillas nativas y criollas, a intercambiarlas libremente, a cuidarlas, así como a cuidar las formas de organización que nos heredaron nuestros ancestros y que están encaminadas a la construcción de comunidades en armonía con la madre tierra.





