Por Carlos Martínez García

Ofrecen lo que no está en sus manos dar. Liderazgos evangélicos que apoyan la candidatura presidencial de Xóchitl Gálvez magnifican una representación que no tienen, y a la vez le prometen apoyo en las urnas que muy difícilmente podrán hacer efectivo.

De acuerdo con el censo de 2020 la población protestante/evangélica del país fue de 11.2 por ciento. Al realizar readscripciones que el diseño del cuestionario del Instituto Nacional de Estadística y Geografía coloca en otras posibilidades de responder sobre preferencia religiosa, es probable que el porcentaje de quienes son integrantes del abanico que caracteriza al mundo protestante y evangélico sea en la actualidad de 15 por ciento, incluso más.

El cristianismo evangélico mexicano forma un abanico muy amplio. En él coinciden distintas vertientes confesionales que comparten un núcleo de creencias que las hace diferentes del catolicismo romano. Las afirmaciones centrales del movimiento son, en general, las enarboladas por Martín Lutero, y otros reformadores, en el siglo XVI: “Sólo Cristo, la Escritura [Biblia] sola, la gracia sola, la fe sola, la gloria de Dios sola, énfasis a los cuales hay buena base para añadir el sacerdocio de todos los creyentes” (C. René Padilla, El legado de la Reforma para América Latina. Riesgos, desafíos y oportunidades, Ediciones Kairós, Buenos Aires, 2017, p. 9). Le adiciona el activismo para ganar conversos y la integración de los mismos a una comunidad de fe en la cual ser discipulados.

Teniendo en cuenta lo anterior es necesario, también, enfatizar que hay varios modelos de “bajar”, por así decir, los principios mencionados a la realidad organizativa de cada expresión eclesiástica que se reconoce como protestante/evangélica. Lo mismo sucede en asuntos éticos y de preferencias políticas/electorales. Por tanto, es un desatino proyectar el voto protestante corporativo en favor de una opción partidista en las elecciones del 2 de junio.

Los liderazgos que se reunieron con Gálvez, por muy rimbombantes títulos que se adjudican, sólo pueden expresar de manera personal su compromiso con la candidata; es un error pretender que tras ellos haya millones de posibles votantes favorables a la Coalición Fuerza y Corazón por México.

Unos 500 líderes acudieron a la convocatoria para reunirse con Xóchitl Gálvez. Varios fueron a escuchar, sin comprometerse a respaldar la candidatura del personaje que prometió, de llegar al poder, impulsar reivindicaciones pretendidamente protestantes/evangélicas. La reunión contó con el patrocinio de Kingdom Life México (KLM), agrupación que busca reproducir aquí las posiciones de la matriz con sede en Washington, cuya meta es llevar a instancias de poder y representación popular a “hombres temerosos de Dios”.

KLM ha organizado el que denomina Desayuno Nacional de Oración, el más reciente tuvo lugar el 30 de enero, “en el exclusivo hotel St. Regis de la Ciudad de México, acto privado que reunió a líderes empresariales, funcionarios de gobierno, legisladores locales y federales, embajadores, sociedad civil y eclesiásticos de nuestro país con un único objetivo: construir en unidad la mejor versión de México”. Kingdom Life, la matriz estadunidense, forma parte del evangelicalismo conservador que vitorea las políticas de Donald Trump. No ahondo más en esta organización, sino que remito a lo escrito en estas páginas por Bernardo Barranco.

Uno de quienes acordó la reunión con el equipo de Xóchitl anunció que ante “un liderazgo [político] caótico y con falta de valores”, y que como “se hizo a las iglesias a un lado de las cuestiones políticas, ese campo lo tomó mucha gente sin valores ni principios, y ese es el resultado que tenemos hoy en día, en el que nuestra nación ha sido muy dañada”. Propone una solución: que lleguen a puestos de poder “muchos ministros [que] son profesionales y muy talentosos”, los que “podrían representar un liderazgo valioso para la nación si fueran candidatos, pero como la ley en México lo prohíbe, no se puede”. Desde su óptica lo conducente es cambiar la ley. ¿Estará enterado de la desastrosa actuación de los políticos evangélicos en los países de América Latina donde las leyes facultan su acceso al poder?

Las palabras citadas son de Carlos Gordillo, presidente de la Coalición Internacional Mexicana de Apóstoles. Él y otros que se hacen llamar apóstoles y/o profetas creen que son una casta especial, por lo cual sus feligreses deben obedecerles. Poner en cuestionamiento sus alucines, así como pedirles explicaciones de su pretendida condición cuasi divina, puede desatar estigmatizaciones contra los rebeldes. Muy su gusto electoral el de los personajes que ofrecieron apoyo a Xóchitl. Otra cosa es que la promesa fructifique en el diversificado abanico evangélico/protestante mexicano, el cual mostrará en las urnas su pluralidad política/electoral.

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