Por Ismael García M./Zona Roja

Luego de haber sido “purificado” y “santificado” como morenista por parte del presidente de Morena, Mario Delgado, y por el propio mandatario López Obrador, en Oaxaca ya se olvidaron los delitos de Alejandro Murat.

Un año y medio después, las obras inconclusas siguen arrumbadas; sigue sin haber claridad en los tres mil 500 millones de pesos que el ex priista solicitó como préstamo, avalado por la 63 Legislatura.

Las obras sin terminar siguen igual, en su mayoría en el olvido y en espera de que el tiempo acabe por destruirlas. 

¿Realmente olvidó el gobierno de Salomón Jara Cruz los abusos de poder del hijo de José Murat Casab? O sólo están esperando a que pase el proceso electoral para reiniciar las andanadas legales.

Porque pese a las estridencias gubernamentales de hace un año, simplemente los casos no avanzan. ¿O hay dilación y favoritismo desde la Fiscalía Anticorrupción y desde el Poder Judicial hacia los Murat? De otra manera ano se entiende la falta de justicia.

SIN “PECES GORDOS”

Ya hemos dicho y se ha dicho hasta la saciedad el cúmulo de irregularidades en las supuestas megaobras que dejó inconclusas Alejandro Murat Hinojosa. 

Ahí está el Centro de Convenciones de Bahías de Huatulco, que sigue inservible salvo una ocasión, en que la controvertida secretaria de Turismo, Saymi Pineda, decidió utilizarlo para un evento público, pese a las fallas estructurales.

Ahí están los trabajos del Circuito Interior, que se presumió haber pavimentado desde San Lorenzo Cacaotepec hasta Santa Cruz Xoxocotlán; pero hay un tramo, en inmediaciones de la agencia de Pueblo Nuevo, que no se rehabilitó.

Mientras que otros tramos sobre la ribera del río “Atoyac”, principalmente en la ciudad de Oaxaca, siguen dañados e intransitables.

Ahí está el Centro Cultural de la capital, un enorme elefante blanco, en lo que fue la sede del teatro “Álvaro Carrillo” de la capital. Ningún uso, ninguna sanción, ninguna reparación.

Ahí está otro megafraude, la rehabilitación de la avenida Símbolos Patrios, al sur de la ciudad de Oaxaca, y que sigue sin ser concluida.

Por cierto, ¿y qué pasó con los integrantes o supuestos integrantes del “Cártel del Despojo”? ¿Y qué pasó con las demás patentes de notario que Alejandro Murat regaló a sus amigos y cómplices? El de Alejandro Nassar Piñeyro, por ejemplo, sigue operando, pese a que supuestamente fue suspendido.

¿Y qué pasó con las más de mil bases laborales que supuestamente se entregaron de manera irregular el sexenio pasado? ¿Alguien sabe si ya se sancionó el desastres que es el Citybus, pese a lo cual pusieron ese servicio de transporte en servicio?, nada más hay que asomarse en el Periférico de la capital para darse cuenta de trabajos tirados, con costos millonarios. La lista es larga, pero la justicia muy corta.

¿YA NEGOCIARON?

En año y medio, apenas se han detenido no más de 10 funcionarios y sólo uno de ellos titular de una secretaría, Javier Lazcano Vargas, y por una nimiedad, no por el cúmulo de irregularidades durante el sexenio muratista.

De lo que fue la Secretaría de las Infraestructuras, están también Leopoldo Gilberto López, subsecretario de Obras Públicas; Rubén César Mendoza, director de Control y Evaluación de Obra Pública; Manuel Meza Corres, subsecretario de Obras, y Alejandro Cristóbal Canseco Antonio, jefe de Infraestructura Urbana y Residente de Obra. Pero igual, por detalles menores.

Del caso Citybus, sólo un detenido, y fue por Guillermo Guzmán Saavedra, pero por carecer de facultad para firmar un contrato.

Del caso del “Cártel del Despojo”, están en la cárcel los Jorge Zárate, padre e hijo; del Instituto de Estudios de Bachillerato, Alejandro Aroche.

Por cierto, de Javier Lazcano, detenido a finales de noviembre en la Ciudad de México, pero sólo porque se realizaron pagos indebidos por 50 millones de pesos en las obras de la avenida Símbolos Patrios, nada más.

¿Quién ha negociado impunidad? En Oaxaca hay muchas pistas que llevan a la Fiscalía Anticorrupción, que encabeza Jorge Emilio Iruegas y donde basta una mala integración del expediente para perder el caso.

O la jugada se complementa en el Poder Judicial del Estado, donde también bastan esas pequeñas o grandes irregularidades en la integración de los casos, para echar abajo las acusaciones, lo cual ocurrirá en la mayoría de los casos.

Por supuesto que los Murat siguen dominando la administración de justicia, mientras que en la Fiscalía Anticorrupción, el titular fue designado en el sexenio de Alejandro Murat.

FELIZ, FELIZ, FELIZ

Mientras tanto Alejandro Murat, como dice el propio Presidente Andrés Manuel López Obrador, anda feliz, feliz, feliz.

Renunció al PRI a mediados de noviembre del año pasado y pocas semanas después, en la tercera semana de febrero, ya apareció en la lista de candidatos plurinominales al Senado de la República.

Pretendió ganar reflectores, un mes después, intentado hacer escándalo en la oficina de Xóchitl Gálvez, cual cancerbero, pero sus afanes mediáticos no prosperaron.

Desapareció prácticamente del escenario político, sabedor de que está a punto de alcanzar impunidad legislativa en el Senado, salvo hace una semana, en que se presentó en el estado de Morelos… para respaldar a la candidata a gobernadora de esa entidad.

El caso es que se cree intocable por la bendición presidencial y nadie duda que pronto regrese a Oaxaca —como ya lo hizo en una ocasión en el sexenio jarista— para mofarse de la justicia y para presumir su impunidad por los cuatro vientos.

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