Por Paola Flores
Leydi Lisbeth Hernández Gabriel nació en Santo Domingo Xagacia, en la Sierra Norte de Oaxaca, llegó a la capital a los once años y de golpe dejó atrás su lengua materna: el zapoteco.
18 años después ya olvidó cuando dejó de soñar en el idioma de sus abuelos y está perdiendo los tonos. Sus recuerdos ahora son casi todos en español.
Híjoles no, no podría yo decir, tiene muchos años, no me di cuenta en qué momento dejé de soñar en zapoteco, no pones atención, yo no puse atención.
Leydi aprendió español en la primaria a los ocho años. Recuerda que los maestros le hablaban siempre en español, pero no lo habló hasta los once.
Sus clases son en español y tienes que ponerte listo para aprender, pero ya lo hablé hasta que llegué acá, que fue a los once, doce años. Lo entendía pero no lo hablaba.
En entrevista contó que ella habla con sus hijos en zapoteco, les da indicaciones: Yo ya no hablo el zapoteco puro, ya combino palabras castellanizadas. Las indicaciones mis hijos las comprenden porque uso palabras en español.
El zapoteco puro se perdió desde los abuelos, mi abuela todavía conoció el zapoteco puro, pero ya no lo habló tanto, ya para la época en que fue mamá y abuela ya fue combinado español con zapoteco.
Sus hijos, deduce ella, la entienden porque usa el español y también por el contexto en el que les está hablando, por ejemplo, cuando les dice que recojan sus zapatos: Axel botop’ zapato (Axel recoge tus zapatos).

En su casa ella es la única hablante y se siente rara porque no le gusta hablarlo sola. Cuando era niña dejó de usar el zapoteco porque no tenía con quién seguirlo practicando.
Yo llegué a Oaxaca y empecé a trabajar, mis patrones no me corregían la forma en la que hablaba el español, pero mis primos en la ciudad, sí. Yo decía amario, en lugar de amarillo y ellos se burlaban de mí.
Ahora lamenta que muchas de las palabras que conocía las ha perdido, al igual que los tonos: Ya se perdió bastante, he perdido los tonos, el zapoteco es muy chistoso, la misma palabra con la entonación distinta, ya cambia el sentido. Obviamente también tiene que ver el contexto en dónde pones la palabra.
Por ejemplo, el mismo sonido: bia, ese sonido de tres letras se puede ocupar para nopal, observar o para mosca. Es el acento que le das y yo a veces ya no encuentro el acento. Lo digo con el acento mal ubicado, pues.
Recientemente le pidieron apoyo para una traducción y le fue muy difícil dar el sentido exacto a cada palabra. Ya no recuerda cómo se dice la palabra importante en zapoteco, la que conoce quiere decir la necesidad de hacer el bien: yonin bien.
Así traduje importante: yonin es hacer o necesidad, pero no es un acción como tal, y bien está en español. También la palabra indígena no la pude traducir, no existe esa palabra en zapoteco. Y así varias palabras. Ya se me está olvidando el zapoteco.
El 21 de febrero se conmemora el Día Internacional de la Lengua Materna. En México se hablan 68 lenguas indígenas y han sido reconocidas al menos 364 variantes. Se calcula en unos 10 años, 31 habrán desaparecido.
La poeta y coordinadora de nacional de literatura del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura dijo en 2020 que la desaparición de esas 31 lenguas representan 31 formas de ver el mundo.
Leydi recuerda un solo sueño en zapoteco. Nunca lo olvidó porque en él aparecía una señora que había muerto hacía tiempo:
En español:





