Querido lector, lectora:
Esta semana ha sido dura. La realidad es dura. Un día cualquiera puedes desaparecer y tiempo después ser localizada con vida o localizado sin vida ¿Qué somos, si así de fácil nos desaparecen?
Pero no me gustaría comenzar esta carta con malas noticias. Quiero contarte que esta es una nueva sección en el sitio paolaflores.org.
Cada semana llegará una nueva carta con algunos apuntes sobre música, películas, series, libros y arte. Espero que las disfrutes.
Hoy quiero platicarte sobre Las gotas de Dios, una serie sobre vino, legado y familia. El pasado rara vez se queda donde lo dejamos: inconsciente o conscientemente lo traemos al presente. Esta serie une, además, el mundo gastronómico de Francia y Japón.
El francés Alexandre Léger, creador de la famosa Guía de vinos Léger y figura emblemática de la enología, fallece a los 60 años en su casa en Tokio. Su hija, Camille (Fleur Geffrier), vive en París y la última vez que vio a su padre fue a los nueve años, cuando se divorció de su madre.
Cuando Camille viaja a Tokio para presenciar la lectura del testamento de Léger, se entera de que su padre le dejó una colección de vinos extraordinaria: la mejor del mundo, según la califican los expertos. Sin embargo, antes de poder reclamar su herencia, Camille debe competir contra un joven y brillante enólogo, Issei Tomine (Tomohisa Yamashita), alumno predilecto de su padre. La hija biológica versus el hijo espiritual, pues.
Para establecer un ganador, deben pasar tres pruebas, todas sobre cata de vinos. Quien gane se quedará con el imperio Léger, y quien pierda deberá irse con las manos vacías. Camille tiene muy pocas oportunidades de ganar: no sabe nada de vino y, lo que es aún peor, jamás ha probado ni una gota.
La serie es buenísima y puedes disfrutarla en la plataforma de streaming Apple TV. Si la ves, cuéntame ¿sí? Me encanta hablar sobre series contigo.
Un abrazo.





