Por Ismael García M./Zona Roja

Fueron tres lustros de larga espera para que fuera culminada la supercarretera Oaxaca-Puerto Escondido, y por fin, aunque inconclusa, el pasado 4 de febrero fue abierta al tránsito vehicular.

Antiguamente, viajar a Puerto Escondido era, por lo menos, de seis a siete horas, en una carretera federal 131 intransitable, con múltiples daños. Ahora se hacen a lo máximo dos horas y media.

Lo sorprendente es que nadie sabía qué tan rápida sería, que atraería a miles y miles de visitantes a la Costa oaxaqueña, pero también decenas y decenas de conflictos.

Nadie, por supuesto, estaba preparado para enfrentar esos conflictos y solucionarlos, por lo cual desde hace mes y medio, además de ser de un gran beneficio para transportistas y usuarios en general, ha sido fuente también de disputas.

Pero lo más grave es que nadie, ni las autoridades federales ni las estatales ni las municipales, han hecho algo o prevén hacer algo para frenar la crisis que ya tiene encima Puerto Escondido.

PROBLEMAS URBANOS

El segundo destino turístico de la Costa oaxaqueña siempre ha sido considerado como el balneario “de los pobres y de los hippies”, pues era una zona de playas accesible para la gente de bajos ingresos y refugio para extranjeros que no tenían donde más que vivir y relajarse, que ese sitio.

Por décadas, nadie le ha apostado a una auténtica inversión para el desarrollo de esa ciudad y puerto; José Murat en su sexenio amplió la carretera que lo cruza, la número 200, pero sólo en el tramo que corresponde a Puerto Escondido.

Años después, paulatinamente se ha remozado el andador turístico, conocido como el Adoquín, y nada más. Aún cuando tiene playas y otros sitios de descanso, a nadie se le ha ocurrido invertir en más áreas turísticas.

Sólo los Murat, según cuentan los mismos pobladores, que desde hace años intentan concluir un megahotel en la zona.

Pero lo que sí ha ocurrido es el desmedido crecimiento urbano, que ha colapsado, literalmente, todos los servicios. Por lo menos en el último lustro, pero particularmente este año, Puerto Escondido está completamente rebasado en materia de tránsito vehicular.

Igual el sistema de drenaje, cuyo vertedero va a parar a la playa, incluso a la principal, sin que nadie procure acciones sanitarias.

¿Agua potable? Desde hace muchos años los pobladores y los visitantes sufren del vital líquido, pese a que cuentan con ríos cercanos.

Pero nadie para la voracidad inmobiliaria y ello ha generado graves conflictos también entre comuneros, pues una parte vende de manera desmedida y a precios estratosféricos sus terrenos y otra parte pretende conservarlos para evitar más estragos ecológicos. El dinero lleva la delantera.

No hay planes, no hay anuncios, no hay acciones para enfrentar la problemática urbana que aqueja a unos 50 mil habitantes, más los visitantes. Nadie hace algo.

Claro, tampoco a nadie ha preocupado que el crimen organizado se ha asentado sin resistencias en la zona y tiene en Puerto Escondido uno de sus centros de operaciones, eso sí, de manera discreta; lo que no ha sido a discreción es el narcomenudeo y el creciente consumo de drogas.

“El problema, asegura Marta Reyes, regidora de Turismo del Ayuntamiento de San Pedro Mixtepec, ‘es que estamos en el límite. Puerto Escondido resulta un destino barato, muy accesible, todos son bienvenidos. Aquí no existen las etiquetas: cualquiera puede entrar a un restaurante o un bar como quiera vestido. ¡Pero nos rebasó la magia y la fama del lugar!´”, refiere un reportaje del diario El País, publicado a inicios de este mes.

AÑEJA DISPUTA

A ello súmele una añeja disputa agraria que, literalmente, tiene partido en dos a Puerto Escondido, pues una parte pertenece al municipio de Santa María Colotepec y otra parte al municipio de San Pedro Mixtepec, que en 2017 dejó saldos sangrientos.

Apenas en abril del año 2021 resurgió con intensidad la problemática e incluso se habló del surgimiento de grupos armados para enfrentar a las partes. Por varios días estuvo bloqueada la vía federal y el entonces gobernador priista, hoy candidato morenista, Alejandro Murat, tuvo que acceder y acudir a atender los temas, pero sin soluciones a fondo.

La pelea es por mil 200 hectáreas que cada uno dice ser poseedor, en una línea dividida justamente en el Adoquín.

Ésta crisis ha sido también parte del severo retraso en Puerto Escondido y nadie cede.

Por cierto, en año y medio, nadie del gobierno morenista de Salomón Jara Cruz se ha preocupado por retomar el diálogo para encauzar y resolver el lío de tierras, por lo que, indudablemente, en breve detonará otra vez.

LOS DESPOJOS

Apenas el lunes de la semana pasada, el consejero jurídico del gobierno, Geovany Vásquez Sagrero, recordó otro de los fuertes conflictos en la zona y es el de Punta Colorada, zona de playa del Gobierno del Estado que un grupo de particulares —algunos de ellos refieren que uno de los involucrados es José Murat—, que sigue en pleitos jurídicos.

Están involucrados hasta medios de comunicación, políticos, empresarios e inversionistas foráneos.

La disputa es por mil 38 hectáreas de un decreto expropiatorio; de ellos son 111 hectáreas que corresponden a la autoridad estatal, que varios pelean.

“Estamos próximos a tener, con georeferencia, un polígono. Se ha malinformado por algunas personas que había actos de molestia o actos de gobierno; hay la necesidad de buscar el rescate de esa zona, cómo hacer frente a las necesidades de infraestructura que se requiere en Puerto Escondido, pero sí dejar en claro que son 111 hectáreas que se tienen y que eran parte de un fideicomiso”, reveló.

El caso es que la ambición no cesa y todo mundo se quiere apoderar de la zona, pese a la resistencia, única, de organismos de la sociedad civil, que ha luchado por conservar las áreas naturales.

¿Y QUÉ HACEMOS?

No obstante que se inauguró inconclusa, indudablemente que, pese a todo, los beneficios de la supercarretera son y serán mucho mayores que los problemas.

Sin embargo, hay situaciones que se pudieron controlar y resolver a tiempo y no lo han hecho; por ejemplo, la continua ejecución de obras incluso los fines de semana, lo que ha generado un tránsito a vuelta de rueda y fila de vehículos de kilómetros, como este domingo.

Tampoco está solucionado a fondo el problema de transportistas y uno de los principales empeñados en ello es Abraham López, eterno edil de San Pablo Coatlán, Abraham López, priista disfrazado de morenista, y ahora próspero empresario de camionetas de pasajeros.

Su necedad porque sea su línea la que únicamente traslade pasajeros de la ciudad de Oaxaca hacia Puerto Escondido ha generado múltiples conflictos e incluso ha bloqueado por días la vía federal y nadie le hace algo; hace dos semanas, impidió el tránsito de autobuses de la línea ADO y tuvieron que plegarse a sus caprichos.

Hace unas dos semanas se difundieron videos de la tala inmoderada de zonas cercanas a la playa para construir estacionamiento de autobuses, y nadie dijo nada.

¿Ha escuchado alguna propuesta del gobierno de Salomón Jara para regular las construcciones, reordenar la zona urbana, reimpulsar el turismo, emprender acciones de preservación o cualquier otra tarea a favor de Puerto Escondido? Nada en año y medio que lleva de gobierno. Mientras tanto, el segundo destino turístico de playa en importancia, se sigue hundiendo en el fango.

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