Ismael García M./Zona Roja.

¿Quién engañó a Morena y a los morenistas que el PVEM es un aliado de primera y que, junto con el PT lograrían resultados electorales avasalladores?

Es una gran mentira y es una unión política que sólo ha demostrado el fracaso y ahí está, por ejemplo, el Poder Legislativo federal, donde la autollamada Cuarta Transformación simplemente no pudo lograr los votos necesarios para el plan B de Andrés Manuel López Obrador. Ahora se aprestan para un plan C, que auguramos será también un fracaso.

Y, en contrario, la oposición, formada por el PRI-PRD-PAN, ha logrado avances significativos, ha puesto en aprietos en diversas ocasiones al morenismo… y se apresta a dar un campanazo presidencial.

Pero repetimos la pregunta, ¿quién engañó a la 4T que el Partido Verde Ecologista es la panacea para arrasar electoral y legislativamente? Eso sí, los políticos que se suman al Verde, que siguen siendo priistas, han logrado impunidad y más poder económico, de manera particular, por supuesto.

O, por poner otro ejemplo, ¿de qué ha servido la labor del senador Raúl Bolaños Cacho Cué, de prosapia priista, impulsado por Alejandro Murat al Senado, y que jamás se le ha visto en Oaxaca más que en cada campaña política? Y ahora resulta que busca una diputación federal.

MÁS PRIISTAS

En las dos últimas semanas, y en el cierre de las candidaturas a cargos de elección popular federal, más priistas se han ido al PVEM, al no tener espacios para ellos en Morena, pero que al igual terminan siendo prácticamente lo mismo.

Es el caso del priista Alejandro Avilés como candidato a diputado federal por el Verde Ecologista, aliado de Morena, uno de muchos ejemplos.

En realidad no hay empacho en éste y los demás políticos que, sin importar convicciones y los enormes favores recibidos por el PRI, cambian de partido con tal de seguir siendo favorecidos con cargos políticos… para seguir enriqueciéndose de manera fácil.

¿Qué aporta o aportará Avilés Álvarez a la llamada Cuarta Transformación? Nada, absolutamente nada más que desprestigio, que es el que trae a cuestas el político originario de Cosolapa y que lleva tres legislaturas locales como diputado.

¿Qué ganará Avilés? Mucho, en exceso, y principalmente impunidad, que es lo que también ganó Alejandro Murat, a quien tanto criticó cuando éste se fue a Morena.

¿Alguien se acuerda que alguna vez el gobierno de Salomón Jara lo acusó de corrupción y que perseguía al hermano de Alejandro Avilés por supuestas anomalías en el Cecyte? Nada.

Ahí está el caso de Samuel Gurrión Matías, ex priista, por el que ganó una diputación plurinominal, ahora diputado local que ganó por el PRI pero que se pasó al PVEM (junto con Eva Diego Cruz, hija de la otrora poderosa lideresa priista del mismo nombre, Eva Diego) y desde donde no ha hecho absolutamente nada.

El juchiteco ni tiene seguidores ni tiene militantes ni se preocupa que los haya en ese partido, porque lo único que le interesa son los negocios y el dinero, así sea conseguido mediante favores sexuales.

O el caso de Evel Pérez Magaña, que desde hace muchos años, tras su fracasado intento priista de ser gobernador, no hace trabajo proselitista. Pero interesado en el futuro político de su hija Elvia Pérez, la incrustó en el Verde, donde ni resalta ni propone ni debate ni nada. Sólo levanta el dedo cuando el morenismo en el Congreso da la orden.

¿Y qué hace Laura Estrada en el PVEM? Con la necedad de colocarla en un cargo popular importante, ahora se le incrustó como candidata del Verde a la senaduría. Pero la señora ni tiene arrastre ni tiene trabajo partidista ni presencia ni nada. El fracaso lo demostró en la diputación local por Morena, en la Secretaría de Bienestar y en la fallida aspiración por Morena.

O el borrachito Roberto Pérez Delgado, edil de San Pedro Ixtlahuaca, que gusta de los escándalos en estado de ebriedad y en público, pero que no tiene ningún trabajo partidista, más el sello priista, y ahora quiere ir al Senado.

El mismo caso de Luis Alfonso Silva Romo, un fracaso de político que a pesar de ser llevado de la mano de Noé Jara Cruz e invertir en campañas muchos millones de pesos, simplemente no creció ni logró popularidad. Otro fracasado que se va al Verde a ver si ahí consigue un cargo.

En realidad poco o nada contribuirán políticamente las nuevas “adquisiciones”, mejor dicho imposiciones, en el Verde. En realidad son priistas disfrazados que se van al morenismo pero de relleno.

En realidad es negocio del ex gobernador de Chiapas, Manuel Velasco, quien ha negociado económicamente toda clase de cargos y ha ordenado a su subalterno, José Antonio Estefan Guillesen (hijo del connotado priista José Antonio Estefan Garfias) para que acate y cumpla.

MORENA PRIISTA

En realidad José Murat ya sabía lo que se venía con Morena y pactó con López Obrador darle todo, todo el apoyo, para impulsar en Oaxaca su campaña presidencial y a la vez no mover un dedo a favor del aspirante priista.

Y así se vino el intercambio de favores: Murat pidió y obtuvo el respaldo del morenismo para que su hijo ganara la gubernatura, así fuere torciendo la ley, pues es originario del Estado de México.

Luego Alejandro Murat recibió órdenes (que en toda su vida política es lo único que ha hecho) para dejar perder la gubernatura de Oaxaca. Y como pago, recibió una candidatura al Senado.

Esa es la triste realidad del movimiento de la Cuarta Transformación, que ahora va en reversa, directo a parecerse cada día más al PRI, con priistas de lo más rancio y corrupto.

Pero lo que no han previsto los morenistas es que, como ya lo hemos advertido en este espacio, el importante número de priistas en el partido guinda, ha generado ya resquemores, que terminarán en una desbandada, en una división y en pérdidas electorales.

De hecho, ya ocurre en el sentir de los mexicanos que no ven un partido ni un gobierno federal diferente, con Andrés Manuel López Obrador, pues la corrupción aflora cada vez más.

La grave inseguridad crece; el crimen organizado se fortalece y disputa espacios y curules y gobierno en este proceso electoral; nadie puede pararlo, y por el contrario se le trata con displicencia para que haga y deshaga a su antojo.

A López Obrador le quedan nueve meses de gobierno, pero el mando formal ya no lo tiene ni tendrá, pues trasmuta a quien él impuso como candidata, por encima de mejores cuadros políticos.

En consecuencia, ya no tiene ni tendrá oportunidad de revertir la crisis social y de pobreza y de enfermedades que día con día se acrecienta. Pero seguirá gobernando Morena e imponiendo sus caprichos en ese partido. Hasta destruir el monstruo que creó y volver a los orígenes tricolores.

Por cierto, ¿cuándo le echarán la culpa al “señor de Polanco” de haber sido uno de los principales impulsores de la alianza del PVEM con Morena? ¿Hasta que se den cuenta que los priistas del Verde se apoderan totalmente del morenismo y desplazan a los militantes guindas orgánicos?

O están felices de tener tanto priista señalado de corrupción y que no mueve un solo dedo, ni en el Legislativo ni en el fortalecimiento del partido para consolidarlo en el país.

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