Por Paola Flores

Leydi Lisbeth Hernández Gabriel vive con su marido y sus dos hijos en el sector seis del Ejido Guadalupe Victoria y en enero pasado canceló definitivamente su toma de agua, luego de dos años sin recibir una sola gota. 

Hoy nos ha recibido en su casa en lo alto de una loma. Su hogar se encuentra muy cerca de las faldas del Crestón, en la zona norte de la ciudad de Oaxaca, tiene árboles y plantas. En medio de los botes que usa para reciclar agua se asoman algunos juguetes de sus pequeños. Ellos están en la escuela ahorita y en 30 minutos debe trasladarse para recogerlos.

Cuando llegamos a vivir aquí en 2019 se solicitó el servicio y empezó a llegar el agua cada seis meses. Tiempo después, dando vueltas y preguntando, conseguimos el número del señor que venía a abrir las llaves.

Encontramos el número y él ya nos facilitó un poquito más el agua y ya nos empezó a mandar agua cada mes, pero nada más nos mandaba dos o tres horas, lo que equivale, con la presión con la que venía el agua, a dos tinacos cada mes. Sí nos ayudaba un poco, ya no era tanta compradera de agua. Eso duró un tiempo, casi un año.

Pero luego dejamos de recibir agua, sí se escuchaba que lanzaba aire, lo que pasa antes de que llegue el agua, sí se escuchaba el aire, pero ya ni una gota de agua. 

Supimos que cambiaron al señor, ya venía su hijo, pero su hijo ya no nos abría la llave. Entonces reportamos que no nos llegaba el agua, pero ni así nos llegó. Luego de cuatro reportes dejamos de intentar. Sí vinieron a checarlo, pero dijeron que por la altura era complicado que el problema se resolviera. 

En la casa que también comparte con sus suegros siempre se ha comprado pipa, una cada mes. La piden de 10 mil litros y les cuesta mil pesos. Leydi se siente agradecida porque cuando construyeron su cisterna les costó 20 mil pesos, hoy dice que están saliendo en unos 45 mil. 

Su familia ahorra toda el agua que puede, reutilizan la mayor parte: el agua de los trastes para las plantas y la que sale luego de lavar la ropa, para el baño. El 29 de enero de este año solicitó la cancelación de su toma, tras dos años sin recibir el suministro.

La zona en la que vive está rodeada de casas cuyo valor asciende hasta los 12 millones de pesos. Y se observan varías obras en construcción. A pocos minutos de su ubicación se encuentran lujosos fraccionamientos y el Colegio La Salle Oaxaca.

Dicha institución cuenta desde 2017 con la autorización para extraer aguas subterráneas. Según el último reporte de la Conagua, extrae 38 mil 812.50 metros cúbicos de agua al año. Lo que representa casi 39 millones de litros, es decir, aproximadamente unas 325 pipas de agua de 10 mil litros al mes. 

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