Tirar del Hilo | Un eclipse a la mexicana

Por Paola Flores 

Se cuenta que el 13 de abril de 1325 los aztecas llegaron en su peregrinar desde Aztlán hasta el Valle de México; habían buscado sin cesar un lugar para establecerse y no encontraban el sitio adecuado, con las señales adecuadas. Era un día radiante y el Sol, centro sobre el que giraba toda la cosmogonía y la visión de la vida de los aztecas, brillaba con esplendor. 

Súbitamente llegó la noche en pleno día, los animales todos, desconcertados, buscaron refugio y durante más de cuatro minutos, en esa noche de día, aquellas personas se quedaron absortas, aterradas ante la desaparición del astro rey. 

El día regresó y con él un águila parada sobre un nopal devorando una serpiente. Éstas eran las señales y los aztecas se establecieron ese día en la tierra del Sol comido.

Justo 666 años después, el Sol fue devorado nuevamente por la luna, era 11 de julio de 1991 y el fenómeno volvió a deslumbrar a los mexicanos. Los astrónomos del mundo identificaron que la Paz, en Baja California Sur estaría despejado y sería el mejor lugar para ver el eclipse.

Carlos Monsiváis, sin embargo, eligió disfrutar del fenómeno astronómico en Puerto Escondido, Oaxaca. Y en su texto Dios nunca muere, crónica de un eclipse nos da muchos detalles de lo que pasó en ese momento y también advierte: Puerto Escondido, si no se cuida, terminará siendo Acapulco.

En donde al igual que Puerto Vallarta. Flash. Se robaron las playas. Flash. Le pusieron precio a la dignidad.

La palabra gentrificación no era popular en esa década, hoy la conocemos, la saboreamos en la boca y padecemos sus consecuencias. El eclipse del 91 trajo detrás de sí olas de turistas, ¿qué traerá el eclipse de 2024? 

Es curioso comparar los tiempos para acabar concluyendo que nada cambia demasiado y sin embargo nada permanece. 

En ese entonces se pedía la paz en Medio Oriente, hoy también. Se pedía que terminara la guerra en Vietnam. Hoy se pide el fin de la guerra en Gaza, en Ucrania 

¿Cuál será la exigencia del mañana? ¿En 2052 cuando vuelva haber otro eclipse cómo será la realidad? 

Minutos antes del clímax del eclipse de 1991 la tierra adquirió una frialdad previa. Monsiváis la describió como premeditada, visceral, que anunciaba un estado de ánimo intermedio o nuevo: ni melancolía, ni gozo, ni tristeza, ni júbilo, ni desesperanza, ni indiferencia, ni admiración, ni rechazo.

A meses de las elecciones para votar a un nuevo presidente o presidenta, ¿cuál es el ánimo en México? ¿Hay acaso júbilo y esperanza?

Durante la totalidad del eclipse la luna se acrece, se extiende, sojuzga, dice Monsiváis, y la sombra se va generalizando, otorgándole a la tierra, entre otras cosas, la cualidad evocativa de un momento del día que aún no se inventa, equidistante del amanecer y el ocaso, del mediodía y el anochecer. Es ese momento al que acudirían en demanda de paisaje todos los sucesos excepcionales, las quiebras históricas, las tragedias impunes, las decisiones que estallan como el fin de una era.

¿Qué está por terminar? ¿Qué comienza? 

Hoy a medio día vendrá la noche, pero minutos después empezará otra vez el día, uno nuevo. 

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