Tirar del Hilo | Trabajo dingo, vida digna 

Llegó julio, llegaron las graduaciones, las fotos y la celebración y poco después  ¿qué ocurre? llega la infructuosa búsqueda de empleo. Si vives en México y rondas los 25 años estarás enviando solicitudes y currículos, pero las respuestas se hacen esperar por mucho. 

Y en el caso de que no hayas tenido la oportunidad de acceder a la educación superior las posibilidades se achican aún más. 

Tienes el perfil, pero necesitas experiencia.

Tienes las habilidades, pero no el aspecto adecuado. 

Tienes el potencial pero te falta la técnica. 

Tienes los conocimientos, pero no el papel que los avale.

La juventud juega a favor y al mismo tiempo en contra y solo hay dos opciones, adaptarte al rudo sistema o intentar sobrevivir al margen.

Vivimos en una época en la que puedes llegar a ser diputado a los 21 años, pero se requiere experiencia para entrar en una empresa que diseñe la imagen de ese diputado. La paradójica época en la que un tiktoker gana una cantidad obscena por un video de 15 segundos, cifra que una familia con varios miembros en edad laboral tardaría varios meses en reunir. 

No existen garantías y el campo laboral es hostil. 

Según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) para 2023 el trabajo informal creció, superando el 55 por ciento, es decir, más de la mitad de la población con oportunidad de trabajar se encuentra en condiciones de vulnerabilidad, pues la informalidad suele ir de la mano de menores salarios, inestabilidad y nula protección social. 

Además, al ser parte del engranaje laboral se presentan otra serie de dificultades, porque mientras obtienes la experiencia necesaria para acceder a un puesto acorde a tu grado de estudios o capacidades, forzosamente te enfrentas a un sistema que te coloca como el eslabón más débil. 

De pronto te encuentras en medio de una circunstancia nunca deseada, en la que enfrentas violencia, acoso y hostigamiento. 

Y esto es un problema nacional y global que continúa sin solución definitiva. Mientras que en 2010 la tasa de abandono laboral por acoso ascendía a 43.9 personas por cada 100,000 ocupadas, en el 2019 hubo un aumento de esta tasa de más del 60%.

Ante ello la Suprema Corte de Justicia de la Nación estableció como componentes a evidenciar para iniciar una acción jurídica los siguientes elementos: 

  1. El objetivo de intimidar, opacar, aplanar, amedrentar o consumir emocional o intelectualmente (o moralmente) al demandante, con miras a excluirlo de la organización o satisfacer la necesidad, por parte del hostigador, de agredir, controlar y destruir.
  1. Que esa agresividad o el hostigamiento laboral ocurra, bien entre compañeros del ambiente del trabajo, o por parte de sus superiores jerárquicos.
  1. III.Que esas conductas se hayan presentado sistemáticamente, es decir, a partir de una serie de actos o comportamientos hostiles, pues un acto aislado no puede constituir acoso.
  1. IV.Que la dinámica en la conducta hostil se desarrolle según los hechos relevantes descritos en la demanda.

El hecho de que exista una normatividad jurídica al respecto, nos da una idea de la gravedad del problema. En 2019 destacó una reforma a la Ley Federal del Trabajo que, entre otros asuntos, incorporó en la legislación la obligación de los centros de trabajo de contar con un “protocolo” para atender casos de hostigamiento y acoso sexual. 

De manera adicional, en octubre de ese mismo año entró en vigor la Norma Oficial Mexicana 035, que obliga a todos los centros de trabajo del país a atender los “factores de riesgo psicosocial” que afectan a las y los trabajadores, entre los que se encuentra la violencia laboral.

Es urgente dignificar el trabajo. Dignificar los espacios laborales y hacerlos seguros para todas y todos. 

Friedrich Nietzsche decía que el trabajo gasta la fuerza nerviosa en proporciones extraordinarias y priva de esa fuerza a la reflexión, a la meditación, a los ensueños, a los cuidados, al amor y al odio; nos pone delante de los ojos un fin siempre vano, y recompensa con satisfacciones fáciles y del todo comunes. 

Una sociedad que trabaja rudo y sin descanso gozará de la mayor seguridad, que es lo que el presente adora como si se tratara de una divinidad suprema. Pero lo crucial (¡oh terror!) es que el trabajador es precisamente quién se ha vuelto peligroso porque no es feliz. 

El 6 de julio próximo entra en vigor en nuestro país el Convenio 190, tratado internacional aprobado por la Organización Internacional del Trabajo en 2020, convenio con protecciones amplias para las personas y obligaciones claras para el Estado en lo que al combate de este problema se refiere.

Devolver la dignidad al trabajo, que en última instancia viene siendo devolver la dignidad a la vida misma no puede quedarse en un mero discurso, ni en letra muerta. La meta es: trabajar menos, trabajar todos, producir lo necesario, vivir y no sobrevivir. 

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