Redacción
El legado del maestro Enrique Flores (1963–2026), figura fundamental de la plástica oaxaqueña, habita desde esta semana las salas del Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO). La exposición titulada simplemente “Gráfica”, que se presenta como un homenaje a su trayectoria, permanecerá abierta al público desde el 18 de julio hasta el 7 de noviembre de 2026.
La muestra es el resultado de un proyecto que el propio Flores comenzó a gestar hace un año en colaboración con el IAGO. Tras su fallecimiento hace un par de meses, su familia y la institución decidieron continuar con la propuesta original. Hazam Jara, director del IAGO, destacó que el interés de la muestra radica no solo en la importancia de su obra, sino en la labor educativa que el artista realizó para difundir la gráfica desde su natal Huitzo.

La selección de obras se centra en la producción del último lustro de vida del artista, incluyendo sus piezas más recientes. A través de imágenes que evocan el mar, la naturaleza y la memoria, Flores plasma su visión de la vida cotidiana en las zonas rurales. Un elemento central en su iconografía es la figura femenina, a quien el artista consideraba el eje de toda sociedad.
La exposición destaca por la complejidad de sus procesos. Los visitantes podrán apreciar una amplia gama de técnicas que demuestran la destreza de Flores como maestro grabador: Desde técnicas tradicionales como la Mezzotinta (manera negra), con aguafuerte y aguatinta, hasta procesos experimentales como el uso de lana metálica, barniz blando, barniz dulce y ácido directo.
De Huitzo para el mundo
Enrique Flores forjó una carrera sólida que lo llevó a participar en más de 25 exposiciones individuales y 50 colectivas a nivel nacional e internacional. Influenciado profundamente por su lugar de origen, regresó a Huitzo para producir su obra y fundó allí su propio taller en 1988.
Su formación estuvo marcada por el apoyo de grandes maestros. Gracias a la recomendación de Rufino Tamayo, intentó ingresar a La Esmeralda, y fue Rodolfo Morales quien lo orientó hacia la Academia de San Carlos y el Taller Rufino Tamayo en Oaxaca. Posteriormente, se especializó en técnicas gráficas durante tres años con Juan Alcázar.
Flores solía decir que su paso por el Taller Tamayo le permitió transitar de la copia de paisajes a la creación desde la imaginación, desarrollando inicialmente personajes “fantasmales” que evolucionaron hacia el estilo vibrante y técnico que define su etapa de madurez.
La exposición “Gráfica” no solo celebra la técnica de un especialista en metal y litografía, sino que preserva la memoria de un artista que, según sus propias palabras, siempre buscó reflejar las tradiciones y costumbres de su tierra.




