Por Paola Flores 

Lo que comenzó como un intento de introducir las tortas ahogadas de Guadalajara en la capital oaxaqueña terminó transformándose en la chispa fundacional del Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo (CFMAB).

Hace 30 años, Jesús Márquez y Cecilia Salcedo abrieron un restaurante – fotogalería llamado La Casa de la Bugambilia en la calle de Reforma. Ante la imposibilidad de competir con las cocineras locales, el lugar no prosperó como negocio de comida, pero floreció rápidamente como galería y centro de reunión para el gremio fotográfico.

Entre 1995 y 1996, el espacio albergó reuniones semanales donde convergían dos visiones de la imagen: la de los fotógrafos de prensa y calle y la de aquellos con formación académica. Al calor del café, las cervezas y el mezcal, los asistentes debatían sobre teoría de la imagen, decisiones de encuadre, técnica y experiencias del fotoperiodismo.

Foto: Cortesía de Luz 96.

A este grupo heterogéneo —donde figuraban nombres como Cecilia Salcedo, Jesús Márquez, Vittorio D’Onofri, Domingo Valdivieso, Jorge Acevedo, Otniel Cruz, Javier Cruz Morales, Félix Reyes, Alejandro Echeverría y Juan Carlos Reyes, entre otros— se le conoció como el colectivo Luz 96. La dinámica del grupo funcionaba como una red de aprendizaje horizontal e interdisciplinario, donde los mismos integrantes compartían sus conocimientos e impartían talleres sin costo alguno.

La alianza con Francisco Toledo

La efervescencia de estas tertulias llamó la atención del maestro Francisco Toledo. Al enterarse de las dinámicas del grupo, el artista plástico propuso una alianza: fundar un recinto formal dedicado exclusivamente a la fotografía e integrar las reuniones del colectivo en este nuevo proyecto.

Al momento de concretar la creación del espacio, el maestro planteó una sola condición: «Lo único que les voy a pedir es que esto siempre esté lleno de fotógrafos», pidió.

En 1996, el Centro Fotográfico Manuel Álvarez Bravo abrió sus puertas en su primera sede ubicada en la calle Murguía 302. En sus inicios, el inmueble no solo albergó exposiciones y talleres, sino que convivió con la Fonoteca Eduardo Mata y la Biblioteca Borges para invidentes.

Con Cecilia Salcedo como su primera directora, seguida posteriormente por Domingo Valdivieso, el CFMAB se consolidó como una escuela para múltiples generaciones de fotógrafos locales, nacionales e internacionales, convirtiéndose en un referente del arte visual en México.

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