Por Isidoro Yescas

Después de la consulta revocatoria (25 de enero del 2026) el gobernador, Salomón Jara, prometió públicamente corregir el rumbo de su gobierno y “relanzarlo”. No lo hizo y todo fue una engañifa: no hubo cambios en sus políticas públicas ni tampoco en su gabinete, en donde solamente se observaron enroques menores.

Él y su triunvirato ( Secretario de Gobierno y Consejero Jurídico) no leyeron, o se resistieron a reconocer, que esas 357 mil firmas estampadas en las boletas para que abdicara de la gubernatura eran un fuerte síntoma de inconformidad social y política.

No cambiaron y, al contrario, intensificaron su asedio en contra de opinadores, luchadores sociales y dirigentes políticos que desde el inicio de este funesto sexenio han considerado sus enemigos políticos o personales. Una lista en donde lo mismo aparecieron los nombres de legisladores y funcionarios(as) federales y municipales de la 4t ( Morena y PT, fundamentalmente) que líderes de organizaciones sociales y comunitarias, dirigentes sindicales y periodistas independientes.

Y con esa primera llamada de atención ciudadana, que en los hechos se convirtió en la primera crisis de gobernabilidad del gobierno primaveral, no hubo voluntad política para rectificar y todo siguió igual o peor, hoy el artero crimen del periodista Alejandro Leyva Aguilar ya tiene contra la pared al gobierno primaveral no solamente por el impacto y las reacciones provocadas a nivel nacional e internacional, sino porque, con independencia de los resultados de las investigaciones y responsabilidades penales que finque la Fiscalía General de la República (FGR), lo más probable es que desde el Palacio Nacional le cierren las puertas a su proyecto político transexenal.

Un gobierno que, por omisión y/o complicidad, ha contribuido al deterioro de la paz social en una de las entidades que en el sexenio de AMLO se convirtió en una de las entidades con mayor rentabilidad político-electoral para Morena, es claro que no resulta ya confiable para el claudismo de cara a las elecciones intermedias del 2027, de gobernadora en 2028 y de gobernador o gobernadora para el 2030.

El recuento de cifras rojas en lo que va del sexenio jarista es apenas un indicador de esa ruptura del orden institucional y del avance inocultable de la inseguridad y violencia: 5 presidentes municipales y ocho más que ocuparon ese cargo, asesinados; 21 activistas, dirigentes indígenas, representantes comunitarios también asesinados, así como 310 mujeres y 2 mil 800 hombres que perdieron la vida en forma violenta (La Jornada, julio 24, 2026).

Es bajo este ambiente de violencia criminal – en donde la violencia verbal proferida con frecuencia desde el Palacio Primaveral hizo su parte- es que ocurre el crimen de Leyva que se espera no quede impune como otros seis asesinatos de periodistas ocurridos en lo que va de este año en otras entidades de México.

Una cosa es cierta: Jara no pedirá licencia para separarse temporal o definitivamente del cargo.

Lo que sí se advierte por lo ya escrito, y porque para Morena es fundamental no perder ninguna gubernatura ni el control del Congreso federal, es que en las próximas contiendas electorales en Oaxaca empezará a asomar una necesaria y urgente pluralidad en las candidaturas de la 4t a nivel local y federal para así intentar amortiguar el descontento social y político hacia el gobierno primaveral y, colateralmente, el partido gobernante.

No habría que descartar tampoco que para los relevos del 2028 y 2030 el Gran Elector del Palacio Primaveral quede solamente como figura decorativa para cederle todo el poder de decisión a la Gran Electora del Palacio Nacional.

Al tiempo.