Por Paola Flores

La conciencia humana no suele transformarse en la comodidad, sino en la sacudida de la adversidad: «La conciencia sólo actúa de forma crítica en las crisis», dice Sebastião Pinheiro, uno de los pioneros y máximos referentes de la agroecología y la soberanía alimentaria en América Latina. Con esta contundente premisa aborda el momento actual de la agricultura en el mundo y en Oaxaca de forma específica.

Seis años después de su última visita, el experto brasileño recorrió en esta ocasión 11 comunidades campesinas y en entrevista para paolaflores.org comparte un diagnóstico que, lejos del desánimo, transmite un mensaje de esperanza fundado en la tierra, la comunalidad y el coraje de las nuevas generaciones.

Destaca la llegada al campo de jóvenes profesionales que están encontrando una oportunidad para resolver problemas históricos: «Esta es la gran victoria: un renacimiento de ingenieros que al llegar al campo a vivir experimentan un fulgor gigantesco.»

Según Pinheiro, cuando una comunidad desarrolla una conciencia colectiva y descubre que puede vivir con felicidad y estabilidad en su propio territorio, los procesos de despoblación se revierten.

«Si usted quita la pobreza el problema hoy pasa a ser concentración de alimentos y poder, en la comunalidad todos comen, todos crecen.»

Explica que el modelo agroindustrial basado en la matriz energética del petróleo, los plaguicidas sintéticos y los fertilizantes químicos se encuentra agotado. Los recientes conflictos geopolíticos provocaron un incremento de casi 60% en los costos de los fertilizantes químicos, dejando acorralado al propio agronegocio.

Frente a esta coyuntura, los grandes terratenientes e industrias han comenzado a buscar las tecnologías campesinas que antes calificaban despectivamente de “retrógradas” o “ignorantes”. «Rejuvenecer y revivificar el suelo es fácil, es una cuestión de sociedad», sostiene el especialista, al explicar que la agroecología trabaja eliminando las causas de los problemas y previniéndolos, a diferencia de la agricultura convencional que intenta corregir efectos creando nuevos mercados e insumos industriales.

Sebastião marca un claro contraste entre la lógica corporativa —orientada históricamente a monopolizar semillas e insumos para concentrar poder e ingresos— y la riquísima biotecnología ancestral de los pueblos originarios.

Frente al maíz híbrido —diseñado comercialmente desde Estados Unidos por figuras como Henry Wallace para monopolizar el mercado de semillas y generar ganancias económicas más que alimento—, Pinheiro exalta la riqueza biocultural de variedades nativas oaxaqueñas como el Olotón.

Esta variedad es capaz de prosperar y captar nitrógeno sin necesidad de fertilizantes sintéticos. Ante el interés de empresas multinacionales por privatizar sus genes, el experto aclara que el maíz no es un simple recurso genético aislable.

Al ser cuestionado sobre la iniciativa de establecer un “Museo del Maíz” en Oaxaca, el ingeniero agrónomo es categórico al señalar que confinar la semilla a un escaparate o vitrina es equivocar la ruta:

«Poner el maíz en una vitrina no es la ruta. El Olotón no necesita fertilizante sintético, necesita de un ser humano Ese ser humano va a tener que dejar el museo y entrar dentro de una maternal para amamantar este nuevo maíz… ¿Será una cuestión genético-metabólica o una cuestión ambiental y cultural? Todas estas preguntas son muy dinámicas, y por ese dinamismo el maíz siempre existirá.»

El defensor resalta el valor nutricional superior del maíz agroecológico oaxaqueño: al nixtamalizarlo, su contenido proteico se eleva de un 6-7% hasta un 15%, duplicando la calidad alimentaria del maíz industrial. Mientras la agricultura convencional gasta fortunas en agroquímicos para obtener altos volúmenes pero alimentos pobres en nutrientes, la milpa oaxaqueña diversifica la dieta y garantiza la nutrición comunitaria.

Subraya además el valor insustituible de lo artesanal frente a la homogeneización industrial:

«No hay dos microorganismos iguales en el mismo suelo, no hay dos suelos iguales, no hay dos vacas iguales, ni dos abuelas iguales. Todo es único. ¿Qué vale más, lo industrial o lo artesanal?¿Necesito traer biotecnología a Oaxaca o tengo que estimular la biotecnología ancestral?», cuestiona el experto, invocando el conocimiento de referentes culturales como la sabia María Sabina para abordar la naturaleza no como un insumo comercializable, sino como un patrimonio cultural vivo.

Respecto a la crisis climática y los fenómenos naturales extremos, Pinheiro critica que los bancos pretendan “resolver” la sequía y la crisis ambiental mediante créditos bancarios, tasas de interés y nuevos mercados, los cuales solo incrementan el capital y perpetúan el uso de venenos.

El agroecólogo advierte sobre el impacto ambiental de este modelo: los herbicidas aplicados en el campo son arrastrados por la erosión hasta los mares y manglares, destruyendo los microorganismos unicelulares, larvas y crustáceos que sostienen la vida oceánica y la protección costera, pero en Oaxaca hay alternativa.

«La crisis climática es serísima… pero la agroecología en Oaxaca hace lo contrario: elimina las causas dentro de sus posibilidades para construir la comunalidad y la mutualidad a partir de una cultura ancestral.»

Seis años después de su primera visita, Sebastião Pinheiro resume su recorrido por las 11 comunidades oaxaqueñas con un testimonio lleno de certeza y triunfo colectivo:

«Nos despertamos y dijimos: ‘no es imposible, sí se puede’. Y cuando encontramos a las personas seis años después, dijimos: ‘lo lograron, era posible y lo hicieron’».