Por Paola Flores
La violencia que azota a Oaxaca, alcanzó a Jesús y Rosalba, la pareja de comerciantes detrás de los puestos de elotes y esquites “El Chuy”, ubicados en el Centro Histórico de la capital y reconocidos por sus clientes por sus innovadoras creaciones y sabores. En los puestos de Alcalá y 20 de noviembre destacaban sus marmotas de elotes, con las que turistas y locales se fotografiaban.
Los hechos ocurrieron durante la noche del sábado 3 de octubre de 2026 en la calle Fresnos, ubicada en la colonia Ejidal de la agencia municipal de San Martín Mexicapam. De acuerdo con los reportes policiales iniciales y la confirmación de la Fiscalía General del Estado de Oaxaca (FGEO), la pareja se desplazaba a bordo de una motocicleta cuando fueron víctimas de un ataque armado.
Un origen lleno de dificultades
Por el testimonio del propio Jesús, conocemos que detrás del éxito gastronómico existía una historia marcada por la marginación, la resiliencia y el trabajo duro desde la infancia. Originario de San Miguel Huautepec —pueblo perteneciente a Huautla de Jiménez en la Cañada oaxaqueña—, llegó a la capital a los seis años de edad sin hablar una sola palabra de español.
En una entrevista de 2025, “El Chuy” recordó la dureza de sus primeros años vendiendo chicles junto a su madre y hermanos en las calles del Zócalo:
«Llegamos de una familia muy humilde… No hablábamos el español, nada. La gente, hay que ser derechos, es culera cuando no sabes hablar español, las humillaciones. Con el paso del tiempo fuimos oyendo, aprendiendo e imitando. El español lo aprendí escuchando nada más, es como una canción: le pones atención y te la aprendes.»
Para contribuir al sustento familiar, la jornada laboral comenzaba desde muy temprano: «Comprábamos una cajita de chicles y nos aventábamos un horario largo, desde las 6 de la mañana hasta las 9 de la noche, para conseguir para alimentarnos. Cuando vienes de un lugar donde la economía es muy difícil, tienes que buscar la manera de salir adelante, no queda de otra».
Con el paso de los años, Jesús se integró al oficio familiar, pues sus padres también eran eloteros. Su puesto semifijo en la esquina de 20 de Noviembre e Hidalgo —afuera de la Zapatería Luna— se convirtió en una parada obligatoria para propios y extraños.

Además de innovar agregando ingredientes como queso ranchero, salsa de cacahuate, chipotle y chapulines a sus elotes amarillos, traídos de Zaachila, en 2018 fue pionero en erradicar los desechables de unicel al servir sus productos envueltos en la propia hoja de totomoxtle.
«En 2018 estuvo muy fuerte la campaña con el cuidado del planeta. Retomamos la costumbre que se usaba antes en los pueblos para disminuir un poquito la contaminación con los vasos de unicel y todo ese rollo», contó para un canal de recomendaciones culinarias.
El amor de Rosalba
La popularidad del negocio creció también en redes sociales, donde “El Chuy” compartía aspectos de su labor cotidiana y reflexiones personales. En noviembre de 2025, el comerciante relató haber superado una severa crisis económica y emocional gracias al amor incondicional de Rosalba y de sus padres, quienes le prestaron un viejo triciclo para reanudar la venta.

Rosalba no solo fue la copropietaria del negocio, sino también el pilar emocional y moral que sostuvo a Jesús durante los momentos más oscuros de su trayectoria. Cuando el comerciante cayó en una severa depresión tras perderlo todo y sentir vergüenza de volver a las calles, fue ella quien lo impulsó diariamente a luchar con frases de aliento.
El propio Jesús reconoció públicamente que Rosalba creyó en él cuando él mismo ya no podía hacerlo, dándole la fortaleza espiritual para vencer el miedo, aceptar el viejo triciclo prestado por sus padres y reconstruir codo a codo el icónico puesto de elotes para sacar adelante a su familia.
«Mientras tengas vida, tienes chance de volver a empezar… Hoy más que nunca entiendo que El Chuy no solo vende sabor, también vende esperanza», escribió en su momento el conocido elotero.
Rosalba y Jesús tuvieron una pequeña que hoy ha quedado en la orfandad.
Semanas antes del atentado, el 10 de septiembre de 2026, compartió una última reflexión que hoy conmociona a la sociedad oaxaqueña: «En este mundo todos somos pasajeros, nada es eterno… pero todo lo bueno que damos se queda.»
Las autoridades estatales informaron que continúan con las diligencias ministeriales para esclarecer el doble homicidio, dijeron que el crimen no quedara impune.




