Por Paola Flores

Muy atrás quedaron los días en los que el ministro, Hugo Aguilar pastoreaba cabras en las montañas de Oaxaca. Muchos lo compararon con Juárez y él aseguró que era su modelo a seguir, pero a cuatro meses de asumir la presidencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, hoy hizo gala de su nuevo estatus.

Que no se vean sucios ni salpicados los zapatos del ministro; hacerlo sería un insulto a la vanidad de la clase política mexicana. Una élite que, con igual descaro, permite que sus subordinados le limpien el calzado que instala un salón de belleza en el Senado de la República.

Antes de subirse al podio para conmemorar el aniversario de la Constitución, en Querétaro, dos personas se inclinaron para dejar pulcro al jurista. Las imágenes se han repetido una y otra vez y con cada reproducción, el mito de la humildad indígena que construyó con empeño, se desmorona.

Mientras tanto en el Senado, las legisladoras morenistas han justificado que ese salón se instaló porque «todos tenemos que estar bien presentados, para venir a las sesiones… es algo muy normal», dijo la senadora presidenta, Laura Itzel Castillo Juárez.

Esto no es un privilegio, aseguró: «Cada quién paga…»

Sin embargo, lo que los funcionarios y servidores públicos consideran normal, despierta cuestionamientos y resquebraja, aún más, la ilusión de austeridad, prometida por los impulsores de la Cuarta Transformación.