Por: Paul Meixueiro

“La dependienta” es el título con el que conocemos en español la novela de la escritora japonesa Sayaka Murata, publicada por Duomo Ediciones en 2019. En inglés, el título es Convenience Store Woman, y la diferencia resulta interesante porque mientras “dependienta” puede remitir, al menos para algunos lectores, a una trabajadora de una tienda o de un comercio, el título en inglés sitúa inmediatamente a la protagonista en un lugar mucho más concreto: una tienda de conveniencia. En México, quizá la referencia más cercana sería hablar de una trabajadora de OXXO o de un 7-Eleven. No existe necesariamente una palabra que produzca exactamente el mismo efecto que “convenience store woman”.

Esta diferencia puede parecer solamente lingüística, pero también cambia nuestra entrada a la novela. “La dependienta” puede hacer que imaginemos una ocupación relativamente genérica, mientras que “Convenience Store Woman” enfatiza desde el principio la relación entre Keiko y ese espacio. La tienda no es únicamente su lugar de trabajo: es el lugar donde ella ha encontrado una forma de vivir, de relacionarse con los demás y de sentirse útil.

La dependienta es una excelente novela que, por su exploración del trabajo y de la relación del individuo con las normas sociales, me remite a títulos como “La metamorfosis”, de Franz Kafka, y “El escribiente”, de Herman Melville.

En las tres obras encontramos personajes que no terminan de acomodarse al sistema en el que viven. Sin embargo, en La dependienta el conflicto adquiere una dimensión distinta. Mientras que en Kafka y Melville el trabajo parece ser uno de los principales espacios de alienación, en la novela de Murata la protagonista encuentra precisamente en su empleo un refugio. Keiko Furukura lleva años trabajando en una tienda de conveniencia y parece sentirse completamente a gusto con las tareas, los horarios y las reglas que rigen ese pequeño mundo.

Al principio, esta relación con el trabajo puede producir incluso la sensación de que la novela está romantizando el empleo. Keiko disfruta de su rutina, conoce perfectamente las reglas de la tienda y encuentra sentido en cumplir con las funciones que se esperan de ella. Pero poco a poco entendemos que su comodidad tiene, al menos desde la perspectiva de quienes la rodean, una especie de fecha de vencimiento.

Ladxidua Toledo

Está bien trabajar en un OXXO a los veinte años. A los treinta y seis, para la mirada social que rodea a Keiko, ya no. Y ese es precisamente uno de los puntos más interesantes de la novela: el problema no es que Keiko haya dejado de estar cómoda con su trabajo, sino que los demás consideran que ya debería haberlo superado. Su empleo, que para ella continúa siendo un espacio de estabilidad, comienza a convertirse para los otros en una evidencia de que hay algo “mal” con su vida.

Keiko quizá no se había dado cuenta de que la comodidad que había construido tenía una fecha de vencimiento. O, más precisamente, quizá nunca había considerado que necesitara una fecha de vencimiento. Es la presión exterior la que introduce esa idea: a determinada edad debería tener una pareja, una profesión diferente, una familia y una vida que corresponda con las expectativas de los demás.

Ahí aparece el verdadero conflicto de la novela. Keiko no está necesariamente incómoda con su vida; está incómoda con la incomodidad que su vida provoca en los demás.

La aparición de Shiraha, un nuevo empleado de la tienda, funciona como detonante. Su presencia introduce una posibilidad que parece ofrecerle a Keiko una salida frente a las presiones que comienza a recibir, pero también la obliga a preguntarse hasta qué punto está dispuesta a modificar su vida para encajar en lo que los demás consideran normal.

Por eso me parece que el giro de La dependienta respecto de Kafka y Melville es especialmente interesante. En nuestros tiempos la alienación ya no proviene únicamente del trabajo o del sistema laboral. También puede surgir de las expectativas sociales que determinan qué trabajo es aceptable, a qué edad, qué tipo de relaciones debemos tener y qué significa llevar una vida exitosa.

La tienda de conveniencia funciona así como una especie de refugio frente al mundo. Dentro de ella, Keiko sabe cómo comportarse porque existen reglas claras: cómo atender a un cliente, cómo acomodar un producto, cómo responder a una pregunta. Fuera de ella, en cambio, las reglas son mucho más ambiguas y difíciles de seguir. La sociedad espera que Keiko se comporte de determinada manera, pero nunca parece preguntarse si ella realmente quiere hacerlo.

Más que preguntarse si Keiko lleva una vida normal, la novela termina planteando otra cuestión: ¿por qué tendría que querer vivir de acuerdo con las expectativas de los demás? No se trata simplemente de defender la idea de que cualquiera puede trabajar toda su vida en una tienda de conveniencia. Se trata de preguntarnos por qué una vida que deja de ajustarse a nuestras expectativas inmediatamente se convierte en una vida que necesita ser corregida.

En ese sentido, “La dependienta” es una novela breve pero profundamente incómoda. Murata utiliza un escenario cotidiano para hablar de la alienación, el trabajo, la adultez y la necesidad de pertenecer, pero también para cuestionar esa idea aparentemente inocente de que existe una edad correcta para cada cosa. Para Keiko, la tienda siempre fue un lugar donde podía ser ella misma; el problema comienza cuando el mundo exterior decide que ya no tiene derecho a sentirse cómoda allí.

Ladxidua Toledo