Por Isidoro Yescas

La iniciativa de nueva Constitución local que, finalmente, el jefe del poder ejecutivo ha enviado al Congreso local registra una trampa de origen: para evitar que el proyecto se revise y apruebe por un poder constituyente por tratarse de algo nuevo, distinto al que está vigente, han preferido referirlo como una “reforma integral”, que bajo esa figura sólo los obliga a un proceso de consulta con los municipios y comunidades de la entidad.

Habrá que recordar que este proyecto redactado por un grupo de juristas cercanos a la Primavera Oaxaqueña en el contexto del bicentenario de la Constitución Política de 1825, estaba pensado para ser aprobado desde el 2025, pero ahora, en la antesala del inicio del proceso electoral del 2027, los poderes ejecutivo y legislativo ya anunciaron que Oaxaca tendrá nueva Constitución cuyo eje “del nuevo pacto” (sic) será la interculturalidad.

En los boletines oficiales se presume de la brevedad de la iniciativa pues solamente incluye 81 artículos ( vs. 148 del vigente) que, se dice. “fue construido a partir de propuestas de pueblos, comunidades y distintos sectores de la sociedad”. Segunda trampa.

Y tercera trampa: si bien es cierto que hubo foros locales y regionales, en donde se recibieron “más de 10 mil propuestas ” ( nuevo sic) en su mayoría fueron a modo, como con seguridad volverá a ocurrir una vez que un poder independiente y autónomo como lo es el legislativo apruebe el calendario y lugares en donde se verificarán las consultas con los pueblos indígenas.

Todo lo anterior, siempre y cuando los municipios, comunidades y demás sectores de la sociedad oaxaqueña no se pongan las pilas y dejen pasar este nuevo proyecto primaveral para continuar apropiándose de la cultura y valores políticos de los pueblos originarios.