Por Aarón Nicolas
Nadie debería tener que salir a la calle para exigir agua limpia, mucho menos terminar entre gases lacrimógenos, chorros de agua a presión o detenido por alzar la voz.
Eso fue lo que ocurrió en Guadalajara, Jalisco el pasado 11 de octubre, cuando la ciudadanía salió a las calles a evidenciar la calidad del agua. De acuerdo con reportes periodísticos hubo 39 personas detenidas. Después, el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus, reconoció errores graves en el operativo y señaló que no debió utilizarse gas lacrimógeno ni agua a presión contra la población.
La pregunta es inevitable. ¿Cómo llegamos al punto en que exigir algo tan básico puede terminar en un enfrentamiento con la policía? ¡Cómo!
El agua es indispensable para todo, para beber, cocinar, bañarnos y cuidar nuestra salud. No es un lujo ni un favor que hace el gobierno. Por eso, cuando las familias ponen en evidencia la calidad del agua que llega a sus casas, merecen respuestas claras, información confiable y soluciones, no más incertidumbre.
En el documental, “Resurrección” de Eugenio Polovsky, se retrata la vida de una comunidad marcada por la contaminación del río Santiago, Jalisco. Su historia nos recuerda que detrás de un río contaminado hay familias, recuerdos, salud y formas de vida que pueden verse afectadas durante generaciones.
El agua contaminada no siempre se ve a simple vista, son las consecuencias que pueden acompañar a una comunidad durante años. Por eso, garantizar agua segura debe ser una prioridad y no una promesa que se repite cada vez que surge una nueva protesta.

Pero hay otra cuestión que tampoco podemos ignorar, la ciudadanía tiene derecho a manifestarse y a exigir cuentas. Las denuncias de abusos policiales y detenciones arbitrarias deben investigarse, y las autoridades tienen que explicar lo ocurrido. ¡Ninguna persona debería ser criminalizada por expresar pacíficamente su inconformidad!
A veces parece que la política nos obliga a elegir entre defender a un gobierno o estar en contra de él. La realidad es mucho más sencilla. Podemos reconocer lo que se hace bien y cuestionar lo que se hace mal. Podemos tener distintas ideas y coincidir en algo fundamental, los derechos de las personas deben estar por encima de cualquier interés político.
Lo ocurrido en Guadalajara merece nuestra atención porque no se trata solamente de una ciudad ni de una disputa entre manifestantes y autoridades. Se trata de algo que nos concierne a todos. ¿Qué hacemos cuando las personas exigen soluciones y sienten que nadie las escucha? A quienes en Jalisco han levantado la voz por el agua limpia y por el respeto a sus derechos, sus demandas merecen ser escuchadas y atendidas.
Al final, el agua no pregunta por quién votamos ni distingue nuestras ideologías. Todos necesitamos beberla y todos tenemos derecho a que sea segura.
Ninguna persona debería tener que elegir entre quedarse callada o salir a la calle para exigir agua limpia. Y ningún gobierno debería olvidar que escuchar a la gente y garantizar sus derechos es parte de su responsabilidad.

Aarón Nicolás es un abogado oaxaqueño, cuya trayectoria se ha desarrollado entre el servicio público, la vida comunitaria, así como distintos proyectos sociales y culturales en Oaxaca.




