Por Paola Flores

A casi dos meses del asesinato del periodista, Francisco Alejandro Leyva Aguilar, su familia encabezó una protesta pacífica para exigir justicia y denunciar la inacción de las autoridades. Los hermanos del comunicador alzaron la voz para reclamar la falta de resultados de las investigaciones federales.

Criticaron la falta de celeridad por parte de la Fiscalía General de la República (FGR). Señalaron que, a semanas de los hechos, se han limitado a dar avances parciales sobre el rastreo del vehículo utilizado en la huida de los agresores, sin llamar a declarar al propietario del automóvil ni investigar quién pagó o contrató a los ejecutores.

«No nos han dicho si ya llamaron a la persona dueña de ese carro para que diga quién es el asesino y quién lo contrató; no han dicho absolutamente nada desde hace tres semanas», reprocharon.

Gema Adriana y Adela Leyva Aguilar, hermanas del periodista, expusieron irregularidades en el acompañamiento legal del caso: «El asesor jurídico que teníamos ahí (FGR) nos repetía todo lo que nos había dicho el fiscal… todo lo que dice aquí el fiscal (de Oaxaca) lo repiten ellos allá».

Denunciaron que, dos semanas atrás, el Mecanismo de Protección retiró y cambió sin explicación alguna a los asesores jurídicos federales asignados a la familia.

«No hay ningún avance… nosotros queremos saber hasta donde llega todo lo que está sucediendo en Oaxaca con respecto a la muerte de mi hermano… pero no, no hay nada», señalaron.

Ante la interrogante sobre si la falta de resultados obedece a un cerco de protección hacia los funcionarios señalados por Alejandro Leyva, Adela Leyva respondió evocando una frase popular: «Híjole, pues ahora sí que como dijera Juan Gabriel, lo que se ve no se juzga…».

Previamente, en reuniones sostenidas ante la Secretaría de Gobernación (SEGOB) y la Fiscalía General de la República (FGR), la familia exigió que la carpeta de investigación se mantenga exclusivamente bajo jurisdicción federal y que el proceso cuente con observación internacional de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos.

Este 19 de septiembre, durante un homenaje póstumo, organizado por el Sindicato Nacional de Medios de Comunicación (SINMCO), al que Alejandro pertenecía, la familia del periodista recordó el compromiso inquebrantable que el periodista mantenía con el ejercicio libre del periodismo a través de su columna El Zumbido del Moscardón y su trayectoria como exdirector de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión (CORTV).

Jesús Leyva Aguilar, hermano del periodista, calificó el homicidio como una masacre brutal: «fue una masacre lo que hicieron con él, no un asesinato, mandado ¿Por quién? ¿Quién pagó por eso?», cuestionó ante colegas de Alejandro.

También recordó las conversaciones privadas en las que le advertía sobre los riesgos de su trabajo crítico. «Yo le dije muchas veces: ‘cambia el tema, hermano’… pero él me decía: ‘Alguien lo tiene que decir; si no soy yo, ¿quién?’».

Reafirmó públicamente los señalamientos que el periodista dejó grabados en video antes de su muerte, en los cuales responsabilizó de cualquier atentado contra su integridad o la de su familia al gobernador Salomón Jara, al secretario de Gobierno Jesús Romero López y al consejero jurídico Geovany Vásquez Sagrero. «Desde esta tribuna me uno a él y hago responsables a esas personas que mi hermano mencionó para que la voz llegue a todos los rincones de Oaxaca y del país», enfatizó.

Finalmente, hizo un llamado urgente a la solidaridad y cohesión entre comunicadores, sindicatos y agrupaciones de la sociedad civil frente al clima de violencia y riesgo en la entidad. Exhortó a evitar la indiferencia y mantenerse unidos ante el temor de nuevas agresiones contra la libertad de expresión. «Los convido a que se unan y fortalezcan esta unión hoy y siempre, porque son tiempos difíciles y se van a venir más difíciles», concluyó.

Alejandro Leyva fue asesinado en un ataque armado el 22 de julio en San Pablo Etla. Tres disparos en la cabeza y uno en la espalda le arrebataron la vida.