Hija mía:

Hay días en que todavía espero escucharte,
que abras la puerta,
que llegues cansada y me digas “mamá”,
como si el mundo no hubiera cambiado
desde aquella última vez.

Dicen que el tiempo cura las heridas,
pero nadie me explicó
cómo se cura una madre
cuando le arrancan un pedazo del alma.

Yo sigo hablándote en silencio,
te cuento mis días,
te pregunto cómo estás,
aunque sé que ya no puedo abrazarte.

Y miro tus fotografías
buscando encontrarte en tus ojos,
en tu sonrisa,
en esa niña que un día tomé de la mano
sin imaginar que algún día
tendría que aprender a vivir sin ella.

Hiromi,
tú tenías sueños.
Tenías caminos que recorrer,
lugares que conocer,
abrazos que todavía no dabas,
historias que todavía no escribías.

Te quitaron el tiempo,
pero no pudieron quitarte de nosotros.

Porque sigues aquí.

En cada lágrima que derramo,
en cada fotografía que miro,
en cada persona que pronuncia tu nombre,
en cada corazón que exige
que tu historia no quede en silencio.

Y si alguna vez me ves llorar, hija,
no pienses que es porque olvidé sonreír.

Es porque te extraño.

Porque una madre no deja de ser madre
cuando su hija se va.

Solo aprende, a fuerza de dolor,
a abrazarla de otra manera.

Hoy te prometo algo, Hiromi:

No voy a permitir que tu nombre se pierda.

Mientras yo tenga voz,
hablaré de ti.

Mientras tenga fuerzas,
recordaré tus sueños.

Y mientras exista un camino hacia la verdad,
caminaré por él.

No para devolver el pasado,
porque sé que eso es imposible.

Sino para que tu vida
tenga la dignidad que merece.

Para que el mundo sepa
que no fuiste una noticia,
ni una cifra,
ni un expediente.

Fuiste mi hija.

Mi niña.

Mi orgullo.

Mi amor más grande.

Y aunque la vida me haya obligado
a aprender a vivir con tu ausencia,

hay algo que nadie podrá quitarme:

haber sido tu mamá.

Te amo, Hiromi.

Ayer.
Hoy.
Y todos los días
que me queden por vivir.

Hasta que algún día,
en algún lugar que todavía no conozco,
pueda volver a decirte:

“Ven, hija…
mamá ya está aquí.”

Lizett Rosario Cruz González, madre de Hiromi persiste en su exigencia de justicia. A dos años del feminicidio de su hija, el proceso no avanza. Hiromi era una estudiante de la Universidad del Mar (UMAR) y fue asesinada el 6 de octubre de 2024 en su domicilio ubicado en la calle del Sol, en Puerto Ángel, perteneciente al municipio de San Pedro Pochutla, en la Costa oaxaqueña.

Moisés F. R., es el principal sospechoso. Dos días después de lo ocurrido, fue localizado, detenido y puesto a disposición de las autoridades por el delito de feminicidio agravado.

Aquí la historia:

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