Por Elizabeth Arias
Los oaxaqueños se han jactado de no dejarse, de defender sus derechos con plantones y barricadas. Ahora que el líder social y funcionario público Flavio Sosa es encargado de la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca, “el pueblo” lo ha desconocido. Los que abuchearon a Flavio Sosa en su discurso de inauguración con el que iniciaron las fiestas de la Guelaguetza 2026, desconocen su historia y actúan por influencia. ¿No saben quiénes son los verdaderos enemigos de Oaxaca? En el 2006 Flavio Sosa defendió la causa magisterial (con sus pros y contras) de las vejaciones del gobierno de Ulises Ruíz. Se le reprochan las barricadas y la supuesta destrucción de una ciudad que ya nadaba en muertos, miseria y corrupción. Se le reclaman a Flavio Sosa las barricadas, pero se nos olvida la corrupción durante los sexenios de Ulises Ruiz, Gabino Cue y Alejandro Murat. Las barricadas son un problema menor en comparación con lo que los políticos se han robado y el daño que causan a la sociedad.
En Oaxaca el oaxaqueño discrimina a los mismos oaxaqueños. La tierra de la comunalidad, de la guelaguetza, no sólo ve a sus enemigos afuera, sino en los de su propia carne, color o forma. El oaxaqueño come oaxaqueño. Prueba de ello es que, si alguien de nuestra comunidad sale adelante, nos dedicamos a hacerle la vida imposible como un acto discriminatorio, a desearle que le vaya mal, o si alguien de nuestra comunidad se vuelve representante en algún área cultural, social o política, lo primero que hacemos es denostar su trabajo y lo acusamos de vendido.
Yo misma siendo oaxaqueña he sufrido discriminación y racismo por otros oaxaqueños. En ciertos sectores de la cultura los espacios o los trabajos se los dan a quienes tienen piel clara, su altura es más allá de 1.50 y son esbeltos (porque si eres gordo también eres maltratado). El oaxaqueño se desconoce a sí mismo, se niega, eso es lo triste; sigue creyendo en las historias de las telenovelas que les vendió Televisa y Tv Azteca. He visto muchos comentarios discriminatorios sobre Yalitza Aparicio y sobre la actual Diosa Centeotl Enid Paloma Torres Agustiniano por ser una mujer afromexicana. El doble discurso lo manejamos bien. Pero estamos como los cangrejos: impidiendo que los demás salgan adelante. Nuestras virtudes pueden ser apagadas por la negligencia de nuestros prejuicios.
Lo que debe exigírsele a Flavio Sosa es que defienda y apoye de verdad los derechos de los oaxaqueños, la cultura, el arte, el pensamiento, y que esté de nuevo en la arena pública, en las calles, al servicio de la comunidad, y que luche en contra de los políticos que se sirven de la comunidad. El oaxaqueño no actúa solo, necesita de servidores responsables y competentes. Sin un líder el oaxaqueño no mueve ni una piedra, porque está acostumbrado a esperar que alguien más haga los cambios por él. Aunque sabemos que hay malos líderes y corruptos insaciables. Eso es lo que hay que cambiar. Somos aún una cultura inferiorizada, sin apoyos reales a los sectores vulnerables. Es momento de pensar en estrategias de denuncia organizada y consciente.
Oaxaca es injusta y se deja llevar por las masas. Es visceral en sus actos, y la conciencia social se está perdiendo. Los comerciantes, los feligreses y el INAH quitaron hace unos días un mural que el Colectivo Subterráneos colocó en la Iglesia del Carmen bajo sólo por ser de denuncia social con el pretexto de que daña la fachada, y de eso el pueblo ni se entera; sólo llegó a ser una noticia que duró un rato en redes sociales, y sin embargo el colectivo sigue siendo acosado y sus obras son borradas de las paredes de Oaxaca. ¿Qué pasa cuando los comerciantes le hacen creer a la gente que la denuncia social está mal? Nos hacen creer que afecta a la ciudad, cuando lo que afecta son sus intereses económicos. Sabemos que a través de las redes sociales se manipula el discurso público y político. Oaxaca duerme, sueña y se pelea consigo misma. Los comerciantes han manejado el discurso público y nos han hecho creer que la lucha social está mal porque dejamos de ganar dinero nosotros. Si los que menos ganan son los empleados, los artesanos y la gente del pueblo. La mano negra de los comerciantes amenaza la integridad, la cultura y arte de Oaxaca. Las cosas deben ser justas para todos, no para unos cuantos. No hay que dejar que los más fuertes se sigan aprovechando de los más débiles.
Antes del 2006 Oaxaca era una ciudad para saquear, para aprovecharse de ella. A partir de 2006 los gobiernos saben que Oaxaca se levanta, que no se va a dejar más. Sin esa insurrección social Oaxaca seguiría siendo saqueada sin que nadie diga nada. Sin el 2006 no se hubiera llegado a la conciencia de la búsqueda de una transformación social. Debemos defender nuestros derechos, aunque no siempre será por la vía de la violencia. Hay muchos, muchos cambios por hacer, y éstos no terminan nunca. Pero el oaxaqueño debe saber quiénes son sus enemigos.
Dicen en redes sociales que Flavio Sosa es el personaje más oscuro y nefasto en la Historia de Oaxaca. Yo pensaba que “el personaje más oscuro y nefasto en la Historia de Oaxaca” es Ulises Ruíz. Se difunde la noticia rápidamente; aparecen una tras otras las publicaciones con el video de los abucheos y comentarios de la gente sobre Flavio Sosa. La mayoría de los comentarios dicen que “los oaxaqueños tienen memoria”. Sí, tienen memoria, pero una memoria manipulada. Ojalá se acuerden por qué inició el movimiento magisterial del 2006, de la represión y de la violencia del Estado.
Esos abucheos fueron incentivados por alguien que tiene miedo, y quiere que los oaxaqueños desconozcan el valor de los líderes sociales. Si desconocemos a los líderes sociales corremos el riesgo de que Oaxaca termine dominada por la visión mercantilista, y por una política que se sirve de los más débiles y no sirve a los que más lo necesitan. El oaxaqueño manipulado tiene poca memoria y prefiere tener unos pesos en la bolsa que dar un voto razonado. Somos tan inconscientes que, si mañana aparece un político de quien sabe dónde, guapo o guapa, o un actor de Televisa (como ya ha pasado) votamos por él o por ella, aunque no conozca las necesidades del pueblo. Oaxaca no debe perder su poder de insurrección. Oaxaca no se vende. Ojalá que el oaxaqueño cuando vea a Ulises Ruíz no pierda la memoria y lo corra de donde se encuentre. Si no habrá vencido el conservadurismo y sabremos que el PRI sigue. Entonces confirmaremos que somos los revolucionarios más conservadores que hay. ¿O será verdad la frase “Tenemos los políticos que merecemos”?
Pero no nos preocupemos, nos seguiremos abucheando entre nosotros mismos, y dejaremos que los que saquean la ciudad sigan viviendo su fiesta. Difamar a alguien es fácil; lo difícil es exigirle que mejore sus propuestas, que responda a sus obligaciones.




