Por Paola Flores

“El diagnóstico no fue amor”, de Beatriz Ramírez Arreola, es un poemario que transforma la experiencia cruda de la enfermedad mental y el desamor en un territorio poético valiente y desgarrador. A través de sus páginas, la autora explora cómo el dolor emocional y los diagnósticos clínicos se entrelazan, sugiriendo que, en ocasiones, lo que llamamos amor es en realidad una manifestación de lo patológico.

A través de una estética visual poderosa, marcada por imágenes de escaneos cerebrales e ilustraciones de OsoLC y Adán Flores, el libro nos sumerge en un universo lleno de consciencia. Aquí, el diagnóstico no es un simple papel; es una herida que no cierra y una obsesión que repite su eco en cada rincón del pensamiento.

El libro se divide en una exploración de la neurodivergencia, abordando específicamente temas como el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) y la esquizofrenia. La obra no busca ofrecer consuelos fáciles, sino que invita al lector a mirar de frente la fragilidad humana y la lucidez que surge al atravesar la sombra.

Arreola retoma la poderosa imagen de que existen “flores en el infierno”, utilizándola como una metáfora de los destellos de belleza y generosidad encontrados en medio de la penumbra personal y profesional.

En el epílogo de esta segunda edición, la autora confiesa que el proceso de escritura y autopublicación fue una tarea solitaria y abrumadora, pero necesaria. Para Arreola, la poesía es un «ente hermoso» del cual no se puede escapar y que se funde con la propia vida.

Este libro, dedicado a las personas con neurodivergencias y sus familiares, es un testimonio en versos que logra transformar la cicatriz en fuerza. Como bien señala Carlos A. Schülz en la reseña de la contraportada, es una obra que «duele y al mismo tiempo acompaña», demostrando que el acto de escribir es, en esencia, una forma de resistir.