Por Doña Queta
“Sé que todos están tristes porque nadie quiere a quien debería y como debería y porque no entienden que sobre todo es consigo mismos con quien están enfadados.”
Rapsodia gourmet – Muriel Barbery
Cesár conoció a Perdita en una fiesta. Ambos relativamente de la misma edad y pensamiento.Desde el inicio se dieron cuenta que sus caracteres eran similiares y chocaban constantemente, sin embargo creyeron que el amor podía sobrellevarlo.
Y así entre muchas separaciones, busquedas de “alguien mejor que tú” peleas, reconciliaciones, y un hijo, pasaron 30 años.
Pese a que ambos dicen que ya no se quieren, no se permiten avanzar, creando un circulo en el que se buscan, no se hablan, se cuidan y se divierten como familia.
Las familias de ambos tan acostumbrada a la situación, ya ni preguntan por lo que en cada cumpleaños y festividad, lo cuentan a la hora de hacer los tamales.
Sólo ellos saben si en algún momento se han preguntado que hubiera pasado si tal vez uno de ellos no hubiera asistido a la fiesta y no se hubieran conocido o si en la primera pelea lo mejor hubiera sido cortar en definitiva la relación y lo más importante si están satisfechos con lo que hicieron con su vida y la crianza de su hijo, quien al final de cuentas quedó entre los dos, siendo el mayor espectador y juez de esa relación.
Actualmente César y Perdita están conscientes que su situación no va a cambiar hasta que uno de ellos ya no este; ya sea por el hijo, por la monotonía, por el hecho de que le han agarrado cariño a su rutina o porque simplemente se aman a su manera.





