Por Paola Flores

El ingeniero Jorge Augusto Velasco, siempre dijo que prefería morir antes que presenciar la muerte del árbol del Tule. Él falleció el 28 de marzo, justo el día en el que se publicó una nota periodística que advierte el riesgo en el que se encuentra el ahuehuete de más de dos mil años de antigüedad, ante la sequía que enfrenta el estado. 

Amigos cercanos y periodistas lo califican como un hombre ejemplar, comprometido con el cuidado del medio ambiente. Lo recuerdan caminando por las calles del Centro Histórico, portando su sombrero y su característica guayabera o en su restaurante Las Golondrinas, donde disfrutaba atender personalmente a sus clientes. Siempre con una sonrisa.

La ambientalista Zandra Martínez lo conoció en sus primeros años como periodista: “Mi entonces director del periódico Cantera me mandó a preguntarle sobre temas relacionados al rescate del río Atoyac y sobre su trabajo de protección y rescate de su querido árbol del Tule. Desde ahí me gané su respeto y me ofreció su amistad. Su amor por Oaxaca y por los temas ambientales hicieron que yo fortaleciera mi trabajo ambiental y mi cariño por el milenario árbol del Tule.”

En eso coinciden todos: a Jorge Velasco le importaba Oaxaca y el ahuehuete milenario. Fue amigo del maestro Francisco Toledo y trabajó a su lado en el Patronato Pro Defensa y Conservación del Patrimonio Cultural y Natural de Oaxaca (Pro Oax). Jorge Velasco presentó en incontables ocasiones propuestas para salvaguardar el árbol del Tule. Entendió que era preciso rescatar el río Salado y reducir el concreto alrededor de él.

Flavio Sosa, coordinador del gabinete del gobernador Salomón Jara se siente satisfecho de haberlo llamado amigo, admiraba su compromiso con el medio ambiente y su calidad humana: “Él se comprometió muy de cerca con el árbol del Tule, estuvo trabajando durante mucho tiempo en sus cuidados , en promover que científicos lo visitaran y que lo estudiaran para que fuera atendido en sus padecimientos, al principio lo hacía con mucha libertad, pero posteriormente los propios vecinos del Tule se sintieron celosos y ya no quisieron que siguiera participando porque consideraban que no era de la comunidad y que algún interés perseguía, nunca entendieron su compromiso con el medio ambiente.”

Su formación era humanista, asegura y lo recuerda como uno de los primeros funcionarios ambientalistas en el país, “el fue como el primer procurador ambiental, antes no existía esa figura en los gobiernos y me parece que él fue el primero que la tuvo en el Distrito Federal”.

El maestro Ernesto Reyes lo trae a la memoria como el autor de un libro de investigación titulado: Un maestro de pueblo y el Movimiento Agrarista. Zaachila Oaxaca, dedicado a su abuelo el profesor Juan Velasco Martínez, del linaje del Rey Cosijoesa, quien luchó por la recuperación de las tierras en esa zona. Y propone que ahora que en abril se harán homenajes por la fundación de la antigua Villa de Antequera, el ingeniero Velasco podría ser nombrado oaxaqueño ilustre y distinguido. 

“Un gran personaje del ambientalismo oaxaqueño, no de los falsos que reciben dinero de la derecha extranjera, siempre ocupado del cuidado en donde quiera que estuviera, del milenario árbol del Tule. Hombre de una gran cultura y firme personalidad que a veces era ninguneado por funcionarios insensibles, ante sus reclamos y preocupaciones por la protección de nuestro entorno”, añade.

Para la periodista Soledad Jarquín, el ingeniero era todo un señorón, una fuente confiable para temas ambientales, “siempre preocupado por el deterioro ambiental que había en Oaxaca, sabía mucho sobre Zaachila de donde era originario, contaba de lo que se acordaba de niño, de como eran esos lugares y cómo habían cambiado, creo que es una de las personas más honestas que yo he conocido, un señorón, muy educado, de esos que ya no te encuentras”, recupera.

Ella tiene presente que fue el ingeniero Jorge Velasco quien diseñó el sistema de riego para el árbol del Tule. Además era un apasionado de la historia de Oaxaca, “te ponías a platicar con él y te daban las horas, tuve mucha suerte porque él es uno de los señores de esa época, junto con el historiador Castañeda, Néstor Sánchez, don Ignacio Bustamante y otros que sabían muchísimo de Oaxaca, yo tuve el lujo de caminar con ellos, mientras contaban la historia de las calles y casas de Oaxaca.”

El ingeniero platicaba mucho del clima de cómo se había transformado. Y la contaminación que había en ese entonces. Era, como Flavio Sosa lo describió un hombre árbol que nació y floreció en Oaxaca. 

El árbol del Tule vivirá más que él, pero no tanto si se prolonga su descuido.  

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