Por Paola Flores


El primero de agosto de 2006, miles de mujeres marcharon con ollas y sartenes en protesta contra el gobierno autoritario de Ulises Ruiz Ortiz, marcado por el empobrecimiento y la represión social. Aquella movilización culminó con la toma de los medios de comunicación públicos (Canal 9 y radioemisoras estatales) ante la negativa del Estado de otorgar un espacio para difundir las demandas del movimiento popular.

Durante 21 días, maestras, indígenas, amas de casa y estudiantes operaron estos medios, dando vida a “Radio Cacerola”, una voz rebelde que rompió el cerco informativo oficial. Este acto puso a las mujeres en el centro de la historia de Oaxaca, dejando de lado los roles secundarios de cuidado y limpieza dentro del levantamiento social.

A veinte años de la “Marcha de las Cacerolas”, oaxaqueñas convocadas por Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad marcharon en la capital: desde la Fuente de las Ocho Regiones, hasta el Zócalo de la ciudad.

Así reivindicaron la memoria de una lucha iniciada en 2006. Ellas saben que son la memoria viva de ese momento, una memoria necesaria ante los tiempos actuales.

En la voz de Yésica Sánchez Maya denunciaron que, aunque el discurso oficial actual presume un “tiempo de mujeres”, esto carece de sentido mientras continúen las desapariciones y agresiones, feminicidios y asesinatos de personas defensoras y periodistas.

Recordaron los casos de las hermanas triquis y defensoras Adriana y Virginia Ortiz García, asesinadas en noviembre de 2024. Mientras que en 2025 desapareció y fue asesinada la defensora y abogada ayuujk, Sandra Domínguez Martínez.

El crimen más reciente fue cometido contra el periodista, Francisco Alejandro Leyva Aguilar, ejecutado, mientras desayunaba, el 22 de julio de 2026.

Por ellas y él las cacerolas sonaron con fuerza durante este primero de agosto de 2026 y seguirán sondando, aseguran, las oaxaqueñas movilizadas.

Organizadas y valientes, afirmaron que el legado de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) vive en las luchas actuales contra el feminicidio, la defensa del territorio y la búsqueda de personas desaparecidas, así como la exigencia de justicia.

Al Estado exigieron:

  1. Protección efectiva para periodistas, comunicadoras comunitarias y personas defensoras de derechos humanos.
  2. Investigación y sanción a los responsables de las agresiones recientes.
  3. Preservación de los archivos públicos de 2006 como patrimonio vivo de la historia de Oaxaca, fuera de lógicas extractivistas o machistas.
  4. Cese a la estigmatización de la protesta y de las voces críticas.