Por Pablo Espinosa
El disco de David Lang titulado The Sense of Senses es, para decirlo en dos palabras: la belleza.
Lo que vemos, lo que olemos, lo que tocamos, lo que oímos, lo que saboreamos.
Es el sentido de los sentidos, el sentir de los sentidos, el sentir de los sentires. The Sense of Senses.
Se trata de una de las muchas incursiones de este compositor neoyorquino en El Cantar de los Cantares. Ya en Disqueros anteriores hemos reseñado las primeras versiones, una de ellas se hizo célebre porque forma parte del soundtrack del bello filme Youth, de Paolo Sorrentino.
La gran coreógrafa Pam Tanowitz puso en danza esa obra de David Lang, titulada Just, con resultados exultantes, dada la delicadeza del lenguaje dancístico de Tanowitz, gran estudiosa de la historia de la danza quien hace aparecer en los cuerpos de sus bailarines imágenes espaciales de Nijinsky, Martha Graham, Balanchine, Merce Cunningham, Petipa…
Entusiasmada, Pam Tanowitz impulsó a David Lang a seguir hallando en El Cantar de los Cantares nuevos motivos musicales. Él aceptó el reto y el resultado fueron nuevas versiones de ese texto que ha leído y releído durante décadas.
De su experiencia lectora, Lang nos comparte las deformaciones que ha sufrido ese texto bíblico, escrito originalmente en hebreo, luego traducido bien y traducido mal al griego, al latín y al inglés. “Muchas de esas son traducciones mal intencionadas; por ejemplo, en diferentes denominaciones cristianas tienen sus propias versiones matizadas en un intento de disminuir la intensidad del original, tratar de ocultar su carácter sensual y tratar de convertirlas en metáforas, o en sueños. Así que para hacer música de estos textos, tomé 17 versiones diferentes del mismo verso, cada uno muy diferente al otro y luego puse en orden alfabético sus frases y eliminé las repeticiones, para formar un solo texto, mostrando todos los ángulos interpretativos posibles”.
De manera que en su partitura titulada let me come in, eligió la versión del Rey James, donde un amante está a la espera del toque en su puerta que hará su amante:
I sleep, but my heart waketh: it is the voice of my beloved that knocketh, saying, open to me, my sister, my love, my dove, my undeliled: for my head is filled with dew, and my locks with the drops of the night.
Duermo pero mi corazón está en vela: es la voz de mi amado que ha llamado a mi puerta diciendo, ábreme, hermana, mi amor, paloma, la más pura: porque mi cabeza está mojada de rocío, y mis cabellos de gotas de la noche.
En la pieza inicial, que da nombre al disco, David Lang separa aquello que es visto de aquello que es oído de aquello que es tocado de aquello que es olido, de aquello que es saboreado:
I can see a door / I can see a wall/ I can see companions / I can see in you/ I can see my dove/ I can see the bed
y así enlista los instrumentos del amor, los objetos, alimentos, bebidas, los sentires de los enamorados: la cama, el campo, las flores, la fuente, los frutos, el jardín, el cabello, la rosa, el vino, el agua, el cálamo…
Y luego lo que siente:
I can feel the banner/ I can feel the day / I can feel desire…
Y lo que saborea:
I can taste de apples/ I can taste the fruit/ I can taste the honey / I can taste your kiss / I can taste your lips / I can taste your mouth
La música de David Lang utiliza la voz humana como pocos compositores logran capturar el hedonismo, el furor sensual, el placer sexual, el misterio de los cuerpos.
Su partitura The Sense of Senses está escrita para ocho voces que repiten las frases enlistadas sin dramatizar el erotismo del texto. Esa manera digamos objetiva de interpretación otorga por el contrario mayor intensidad erótica a la obra. Ocho voces, ocho minutos de música. Toda la historia de la humanidad en una partitura.
La intención del compositor es usar los textos del Cantar de los Cantares mediante frases de gran intensidad para narrar una historia que constantemente está activando nuestros sentidos. Los detalles que cuenta, están descritos de manera que nosotros podamos imaginar lo que los amantes ven, huelen, saborean.
El poder de los sentidos.
Esta obra de David Lang exacerba los sentidos de una manera sosegada, en calma, en profunda paz, intensificando nuestros órganos sensoriales (piel, ojos, oídos) para que podamos observar la intimidad de nuestros cuerpos en un paisaje tal donde percibimos con claridad la frontera entre nuestro interior y nuestro exterior. El ethos del Eros.
Todo esto a través de una música de extremada belleza.
Las frases están dichas siguiendo un modelo repetitivo que algunos gustan en llamar minimalismo pero en realidad es el ritmo de nuestro corazón en paz.
La pieza siguiente es una nueva versión de Just, la obra que está incluida en el filme Youth, de Sorrentino. La estructura de cada frase, de cada tema, es la misma pero dependiendo del texto cada frase puede tener solamente tres sílabas, otras cinco, pero el conjunto nos induce a un ritmo respiratorio de intensa calma, de serena concentración, de gran belleza.
Esta versión está hecha para tres voces con viola, violonchelo y percusión y conecta nuestra mente de inmediato con la obra maestra de David Lang titulada The Little Match Girl Passion, una partitura de gran calado y, como todas las de este álbum, de belleza colosal.
Just your appearence / just your speech/ just your kisses/ and my beloved/ and my love/ just your left hand/ just your right hand/ and my beloved/ just your mouth/ just you are a nineteen miles/ just your name/ just your love / and my beloved…
El mismo procedimiento: las voces, en este caso femeninas, no ponen énfasis alguno para que las frases adquieran mayor potencia. La instrumentación es magra, delicada, pero igualmente poderosa.
Logra de esta manera el compositor David Lang hacer sonar las emociones.
Después de años de lectura y relectura, Lang nos comparte así su asombro:
“Es increíble, pero algunos de estos libros no mencionan a Dios ni la religión ni la espiritualidad, en absoluto; por el contrario, subrayan todo aquello que es humano en nosotros, lo cual es un valor universal. Una manera de pensar en lo que significan esas escrituras en su conjunto, es que se trata de un catálogo de emociones, que se repiten en la historia de la humanidad sin fin, año tras año tras año.”
Concluye: “Pensé que si tomaba de estos textos su lenguaje que se aproxime más hacia los valores universales para ponerlos en música, me posibilitaría establecer mi propio catálogo emocional y de esa manera podría habilitar mi propia escritura en el corazón de estos textos en el tema central: lo humano, la humanidad, lo que somos como humanos”.
Y como humanos, somos capaces de crear belleza y disfrutarla. Eso es lo que nos salva, como el amor, que todo lo cura y todo lo salva. Y es de eso que habla el Cantar de los Cantares: del arte del amor, de la belleza del amor.
Tan lo entiende así el compositor David Lang, que su disco The Sense of Senses es un océano infinito de belleza.
Disfrutemos. Amemos.





