Por Pablo Espinosa

Paul MacCartney cumplirá 82 años el martes 18 de junio y el mundo se regocija. Hace unos días apenas, anunció nueva gira por América del Sur y su producción discográfica no ha cesado en décadas.

Por ejemplo, en celebración de los 50 años de Band on the Run, uno de sus discos emblemáticos, publicó recientemente una versión enriquecida (Underbubbed Mixes) en la que refrenda los valores musicales, anímicos, de lindura y bonhomía que caracterizan toda su obra.

Porque si hay una música siempre optimista, que inspira alegría y contento, esa es la de Paul McCartney. Así aborde temas tristes, lo cual ocurre muy pocas veces o casi nunca, la sensación de bienestar que nos prodiga siempre está presente. En Band on the Run tenemos el muestrario completo: una canción cañonazo que da título al disco y una serie de creaciones variopintas en las que prima el primor de su estilo, primigenio y prístino.

A la canción epónima que abre el disco le sigue un juguetito espléndido: Mamunia, con su sonido efervescente, saltarín y alegre y el sentido de inventiva prosódica característica del gran Macca. Y así se suceden episodios fantásticos que poblaron la imaginación, el buen humor y la alegría de varias generaciones que crecimos con esas canciones tatuadas en el alma.

Esa es otra de las virtudes de la música del Macca: hace himnos que se adhieren de inmediato a nuestras biografías. Una prueba palpable de esto es la literatura de Haruki Murakami, que ha dedicado varios de sus libros a la música de Los Beatles, entre ellos la novela Tokio Blues/Norwegian Wood, en alusión al título de una de las canciones de los británicos, y el libro de cuentos Primera persona del singular, que incluye el relato With the Beatles, en el que describe su amor juvenil con una muchacha (ella caminaba con el paso ligero, airoso, y un leve apremio, haciendo ondear con desparpajo el bajo de la falda de su uniforme, a lo largo de uno de los pasillos del viejo edificio de la escuela. Nos cruzamos en la penumbra, sin un alma alrededor aparte de nosotros).

Fue, describe Murakami, como una especie de portal de entrada a un mundo onírico que, tan pronto como se abrió, empezó a diluirse, descomponiéndose y desapareciendo ante mis ojos, como ocurre con la esencia de los sueños al despertar, cuando las imágenes son succionadas hacia lo más profundo de los intrincados recovecos de un mundo laberíntico y dejan tras de sí un simple pasillo vacío y bañado en la penumbra. Me quedó la impresión de que así es como sucede casi todo lo importante de la vida.

He ahí. El maestro Murakami describe a cabalidad el efecto que nos causa la música tan singular de Los Beatles en general y de Paul McCartney en particular.

Es momento de señalar que hay en la biografía de Pol momentos que el imaginario colectivo prefiere ignorar; por ejemplo, nos narra su biógrafo Philip Norman en el libro de 853 páginas Paul McCartney: The Life, que luego de la disolución de Los Beatles, Pol se fue de bruces al barranco, donde renació gracias al amor de Linda Eastman, a quien conoció como reportera y convirtió en su coequipera en uno de los mejores grupos musicales durante décadas: Wings, cuya figura emblemática fue el gran guitarrista Denny Laine (nombre que inevitablemente me suena a Penny Lane), fallecido hace unos meses.

Y es que el tema de la muerte no aparece en las letras del gran Macca, salvo la leyenda de La Morsa y su supuesta muerte en la época Beatle, pero en la vida real están las muertes de sus hermanos John Lennon y George Harrison, y hace poco la de su querido Denny Laine y un episodio que nos narra Philip Norman: la esposa de Paul estuvo a punto de morir cuando parió a Stella Nina.

Documenta Norman: Más tarde, Paul recordaría haber rezado como loco y haber recibido como respuesta otra visión de su madre partera que le sirvió para bautizar a su banda ante su nueva hija, Stella Nina. Como si unos ángeles revolotearan en torno a su madre, Mary, le pareció ver una multitud de doradas y desplegadas alas.

Por eso su banda posbeatle se llamó Alas, pero a los músicos les costó mucho trabajo aceptar a una reportera como integrante de la agrupación. Preguntaron airados a su jefe, Paul:

–¿Cuál es la contribución de Linda?

–En términos estrictos –respondió el jefe–, Linda se ocupa de las armonías vocales pero, por supuesto, es mucho más que eso porque ella es como un hombro en el cual apoyarse, una segunda opinión y una fotógrafa de renombre. Por encima de todo, cree en mí. Somos en realidad un dúo.

Ella, embarazada, tomó clases de piano con un vecino, Paul la instruyó, los integrantes de Wings se desesperaron de tocar con una principiante, una aprendiz. Ella, Linda Eastman, construyó el nuevo imperio musical de Paul McCartney. Más tarde, los reporteros preguntaron a Paul acerca del disco Band on the Run:

–¿Podrías describir la textura o la atmósfera del álbum en pocas palabras?

–Hogar, familia, Amor.

Paul McCartney escribió hermosas canciones de amor a su mujer: The Lovely Linda, My Love, Maybe I’m amazed, a partir del principio básico que acuñó en su hermosa pieza titulada Silly Love Songs.

Las canciones de amor tontas, que así gusta llamarlas su autor, son de una frescura inigualable. Tonto de amor, atolondrado, tórtolo (William Shakespeare sonríe). Es muy emocionante ver y oír cantarlas a 200 mil personas, como ha sucedido en los varios conciertos que ha dado el gran Macca en México.

Por cierto, conmemoramos también el 30 aniversario del primer concierto en México de Paul McCartney. Aconteció en el Palacio de los Deportes y al mediodía ofreció una conferencia de prensa, antes de la cual al dar vuelta en una esquina del edificio, nos dimos un tope borrego él, Linda y yo, que coronamos con un Hi, tocayo que pronuncié, y para mi sorpresa me respondió: Hi, PabloPasumecha.

Esa es otra virtud de Paul: no necesita, como por ejemplo, Bob Dylan, recluirse para poder tener una vida personal. La tiene de manera natural sin depender de la farándula para existir (como sí la necesitan, citemos ejemplos, Madonna y Taylor Swift, grandes artistas también) y vemos continuamente en cambio a Paul en redes sociales videos de sus apariciones repentinas en público y sus muchas maneras de convivir con las personas. Tan querido, tan entrañable.

Y ya que mencioné a Dylan, hay un disco triple, The Art of McCartney, con 42 canciones en las que participan músicos de vario linaje en un homenaje que consiste en hacer versiones de distintas piezas de Macca. Entre muchos figuran Dion, Steve Miller, Alice Cooper, Barry Gibb, Brian Wilson, pero de entre todos ellos, lo que hizo Dylan con una obra de Paul McCartney hace toda la diferencia. Es realmente un prodigio, una obra de arte.

Escuchamos en ese disco la voz de catedral preñada de gárgolas de Bob Dylan: Dijiste que me amarías, aun cuando tuviese que partir. Pensarás en mí. Yo de alguna manera lo percibiré. Y de esa misma manera, cuando algún día me sienta solo, deseando que no estuvieses tan lejana, juntos recordaremos todo lo que nos dijimos. Las cosas que dijimos hoy.

Es así como Things We Said Today, que compuso Pol para Los Beatles, se convierte en una gárgola.

Y hablando de gárgolas, el disco de Paul titulado Chaos and Creation in the Backyard, muestra al McCartney contrario al lugar común (para muchos, es el autor de Yesterday, así como reducen a Dylan a ser el autor de Blowin’ in the Wind, e ignoran el corpus completo de sus obras), ávido de nuevos caminos, pleno de placer experimental, donde reflexiona sobre sus gustos y procedimientos literarios (Mark Twain, Charles Dickens) y la manera en la cual crea los personajes de sus canciones: como una ficción literaria, una canción que bien puede ser una novelette.

Otro álbum sobresaliente del McCartney poco conocido y muy original, diferente y rebasando la genialidad, se titula Egypt Station, en el que sintetiza sus etapas Beatles, Wings, McCartney y nos sorprende haciendo blues como el del Delta del Misisipi y ante nuestro asombro vemos desfilar guiños: Pink Floyd, Led Zeppelin, Rolling Stones, White Album, Magical Mystery Tour, Sergeant Pepper…

En fin, que celebramos el cumpleaños 82 de uno de los más grandes músicos de muchas eras, cantando:

You’d think that people would have enough of silly love songs / I look around me and I see it isn’t so / Some people want to fill the world with silly love songs / And what’s wrong with that / I’d like to know / Cause here I go again: I love you, I love you / I love you, I love you…

Feliz cumpleaños, entrañable Pol, autor de canciones de amor inteligentes.

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