Por Pablo Espinosa

La Orquesta Sinfónica de Xalapa marcó un hito las noches 19 y 20 de abril en su sede, la sala Tlaqná, donde realizó una de las mejores interpretaciones de la música de Gustav Mahler que se tenga memoria en México.

El director titular de la orquesta veracruzana, Martin Lebel, fue el artífice de esta hazaña mediante el procedimiento que pocos directores en la historia han conseguido: hacer un planteamiento analítico de la partitura, mostrar en escena las intenciones verdaderas del compositor, en lugar de intentar el lucimiento apoteósico y espectacular y efectista, que suele hacerse con las obras mahlerianas.

Montar la Octava Sinfonía de Mahler ya es en automático un acontecimiento: el apodo de esta obra lo debemos a un colega reportero que asistió, en septiembre de 1910, a los ensayos del estreno: vio a tantos músicos sobre el entarimado, que de inmediato redactó: La Sinfonía de los Mil, y así se le quedó. Ya sabemos cómo son los periodistas.

Ocho cantantes solistas, seis coros, orquesta doblada (en el argot de los músicos: significa duplicar el número usual de instrumentos estratégicos, como los oboes y los fagotes, en este caso; ah, y las arpas), y sobre todo, un director de capacidad y talento probados, misma condición que se requiere en todos y cada uno de los músicos involucrados, es el silogismo sine qua non para aspirar a una Octava de Mahler en escena.

Los resultados superaron toda expectativa. La segunda presentación, la del sábado 20 de abril, fue sencillamente sublime; se cumplió la máxima que consiste en que cuando hay dos funciones, la primera de ellas resulta una suerte de ensayo general, para que la segunda consiga niveles inenarrables.

¿Cómo hizo su planteamiento analítico de la partitura el director francés Martin Lebel?

Con mucha inteligencia y mucha pasión. Contó para el efecto con músicos de primer nivel, los integrantes de la orquesta jarocha, y la calidad de los ocho cantantes solistas y los coros. Para no hablar en abstracto, remito al lector a la grabación, que se consigue en Spotify, que realizó en 2006 el director francés Pierre Boulez, paisano de Martin Lebel: el procedimiento de Boulez consistió en ponerse en los zapatos del compositor y como Boulez, al igual que Gustav Mahler, fue director de orquesta y también compositor, puso en marcha el procedimiento mental con la batuta, bajo la pregunta adecuada: ¿qué quiso plantear Mahler en cada uno de los compases, pasajes y episodios de su Octava sinfonía?

Y ese planteamiento es lo que escuchamos en el disco de Pierre Boulez, y es también lo que escuchamos en el concierto en vivo dirigido por Martin Lebel: una indagación de lo humano, la espiritualidad, el acto de pensar, y, sobre todo, los pliegues más íntimos de en lo que consiste todo acto creativo.

De esa manera, tanto el escucha que asistió por primera vez a una ejecución en vivo de la Octava de Mahler, como el oyente más experimentado en interpretaciones en vivo (esta obra se ha ejecutado cinco veces en México a la fecha), disfrutan a profundidad de una obra de dimensiones colosales tanto en cantidad como en sus matices más delicados; por ejemplo, en el momento en que el director da entrada a las cuatro arpas y los violines primeros escancian una melodía celestial, uno no tiene otro camino que romper en llanto.

Todavía más: enseguida suena la celesta, ese instrumento que rara vez pide un compositor entre la orquesta y que suena a cajita de música, a juguetito angelical, a sueños placenteros. Y todo está en su sitio.

El verso que anima esta obra de una hora y 20 de duración, es un himno medieval de invocación: Veni, creator spiritus, y que es naturalmente dinamogénico: mueve a la acción, es un ritual que podemos repetir a la hora de comenzar un texto, a cocinar un platillo, a vivir.

La segunda mitad de la Octava toma su punto de partida en la segunda mitad de una de las novelas capitales de la historia: Fausto, de Johann Wolfgang von Goethe.

Como suele suceder con obras que sabemos de memoria, siempre encontramos algo nuevo. En esta ocasión, gracias a la magistral dirección de Martin Lebel, vimos en escena, en el momento de la acción del gran coro de Anacoretas, una auténtica secuencia de teatro noh.

La fascinación de Gustav Mahler por la cultura oriental también es énfasis en la lectura analítica de la Sinfónica de Xalapa, así como otro muchos matices de esta Sinfonía Octava, una música prácticamente desconocida por su dificultad técnica: pocos directores se atreven a emprenderla.

El hito histórico que marcó la Sinfónica de Xalapa con la Octava de Mahler está llena de lo que en periodismo llamamos carnita; es decir, sustancia, aspectos dignos de ser destacados, por ejemplo, que quienes más destacaron entre los 350 músicos, todos destacando, fueron dos egresados de la Facultad de Música de la Universidad Veracruzana: la soprano Tania Solís y el bajo Jafet Maldonado. Orgullo jarocho.

La Sinfónica de Xalapa es uno de los emblemas de la cultura mexicana. Tanto quienes la disfrutamos en su sede original, el Teatro del Estado, en la capital jarocha, como quienes han constatado su calidad a lo largo de sus giras, gozan de un sentimiento de pertenencia y satisfacción, y eso fue evidente en el concierto del sábado pasado en la sala Tlaqná: al terminar el concierto, la algarabía jarocha se extendió por todo el entarimado, las butacas, pasillos, escaleras y la noche con chipi chipi y neblina.

Recomiendo escuchar en Spotify, o en la plataforma de su elección, la versión discográfica de Pierre Boulez y también las que grabaron Leonard Bernstein, Gustavo Dudamel, Georg Solti y Simon Rattle.

Ninguna escucha se compara con la que sucede en vivo, pero entre las ventajas que ofrece la escucha en grabaciones, está la posibilidad de usar audífonos y cerrar los ojos.

Es una manera hermosa de vivir.

Tu opinión es importante