Por Paola Flores

Tras lograr clasificarse a las semifinales del Open de Australia 2023, el tenista Novak Djokovic dijo que los 35 son los nuevos 25, en una entrevista reconoció que la experiencia permite jugar en un nivel “extremadamente” alto y es justo ahí donde se encuentra actualmente el Instituto de las Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO).

Este noviembre el IAGO llegó a los 35 años comprometido con el propósito de su existencia: ser un espacio de creación y encuentro, así lo han expresado periodistas, artistas y escritores en los ciclos de conversación organizados por su aniversario.

Y en cuestión de números el crecimiento es más que evidente, cando abrió sus puertas el IAGO contaba con 124 obras de pintores de diferentes épocas y la biblioteca de su fundador; su acervo actual contiene más de 60 mil libros y una colección de obra gráfica de alrededor de 17 mil piezas.

En noviembre de 1988 el artista multifacético Francisco Toledo fundó el IAGO en la que fue su casa en Alcalá 507. Gracias a una invitación recién encontrada entre los archivos del pintor, la Asociación Amigos del IAGO ha rectificado la fecha de aniversario para el día 29 y no el 28 como se había conmemorado hasta ahora. 

El IAGO va cambiando, tiene procesos

Durante este mes y hasta enero de 2024 en la sala principal del IAGO se expone: Procesos en la obra de Toledo, donde se exhiben más de 150 pruebas de estado del artista. En las paredes se observan decenas de pruebas que el maestro probó hasta llegar al resultado que le gustaba en algunas de sus obras.

Para Hazam Jara, director del Instituto, esta muestra rinde un homenaje al maestro y en paralelo es una analogía de los procesos por lo que ha atravesado el museo, los ajustes, los cambios, las personas involucradas, los nuevos proyectos y al mismo tiempo la continuación de un legado.

Hazam Jara asumió como director un mes antes del fallecimiento de Toledo en septiembre de 2019 y desde entonces, en coordinación con el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBAL), la Asociación Amigos del IAGO y la familia del maestro se ha encargado de continuar con las luchas y labor del artista juchiteco.

Hoy en día el IAGO sale del Centro para crear espacios de encuentro en las periferias y otras comunidades, los talleres han llegado a San Martín Mexicapan, El Rosario, Etla, Tlacolula, Juchitán, a la Mixteca y Zaachila y también está en las penitenciarias, algo que inició Toledo con una biblioteca en el penal de Ixcotel.

Hazam tiene una historia cíclica con el IAGO, su primer acercamiento con este espacio fue cuando estudiaba la licenciatura en Diseño Gráfico hace 19 años: “Yo conocí el IAGO porque era el lugar donde había los libros de diseño, esa fue la primera vez que vine, ya después cuando vi la exposición de un Goya quedé muy impactado, no podía creer que estaba viendo un Goya original en las paredes de un museo de Oaxaca.”

Posteriormente colaboró en el Centro de las Artes de San Agustín y se convirtió en diseñador del maestro Toledo, “después volví aquí al IAGO”, ahora como director. 

Cuenta que aprendió mucho del maestro, “era una persona muy disciplinada que no le tenía miedo a la experimentación, había cosas que yo no sabía que se podían hacer, fuimos descubriendo muchas cosas juntos, era una persona muy creativa, lo admiraba mucho por su capacidad de encontrar cosas extraordinarias en algo que para nosotros es muy ordinario.”

Esa era la forma de ser de Toledo, hace una década cuando el IAGO cumplió un cuarto de siglo dijo que francamente nada de lo que había emprendido lo hizo con la idea de que iba a trascender o que iba ser muy importante.

“Uno hace las cosas sabiendo que es necesario y nada más, pero no lo haces pensando que esto va a generar que exista una escuela de pintura oaxaqueña o la apertura de galerías y restaurantes o que los ciegos que cantan van a grabar su música”.

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