Por Paola Flores 

El 13 de junio de 1864 nació el último de los doce hijos que procrearon Margarita Maza y Benito Juárez. Al poco tiempo y ante el temor de un sorpresivo ataque de sus enemigos: Santiago Vidaurri y Julián Quiroga, en Saltillo, don Benito Juárez decidió el 12 de agosto de 1865 mudar a su familia. 

Margarita con sus hijos, hijas y su yerno Pedro Santacilia salió rumbo a Cadereyta y de allí prosiguieron su camino a Matamoros, para embarcarse finalmente en Punta Isabel con dirección a Nueva Orleans, ciudad en donde abordaron el tren que los condujo a Nueva York, para establecerse finalmente en la 210 East 13 Street, donde permanecieron hasta 1867.

A lo largo de esa separación el Benemérito de las Américas y su esposa intercambiaron sentidas cartas que dejan entrever la intimidad que compartían. El destinatario de muchas de ellas fue Pedro Santacilia, él se convirtió en la cabeza de la familia errante. Inmediatamente después de su separación, Juarez escribió: 

He tenido un tormento continuado por no saber nada de la suerte de ustedes, pues desde la salida de Cadereyta no he vuelto a saber nada de su marcha. Ya debe usted suponer cuánta será mi aflicción… Esta carta y todas las que he escrito y escriba son para usted y Margarita. ¡Pobre Margarita! ¡Cuánto ha sufrido! Cuídemela usted, lo mismo que a las muchachas a Beno, al Negrito a Antonio y a María, dándoles muchos besitos y abrazos a mi nombre y usted reciba el afecto de su padre y amigo.

Mientras tanto en México, Maximiliano y Carlota dilapidaban a manos llenas el dinero del préstamo que les hizo Napoleón, mediante el Tratado de Miramar. Y Juárez gobernaba de manera itinerante a lo largo del país. 

En ese mismo periodo la familia Juárez Mazas sufrió una difícil perdida, su hijo José falleció en el exilio.  Ante ello, Benito Juárez redactó las siguientes líneas para su yerno. 

Mi querido Santa: 

Escribo a usted bajo la impresión del más profundo pesar que destroza mi corazón, porque Romero en su carta del día 14 de noviembre pasado, que recibí anoche, me dice que mi amado hijo Pepe estaba gravemente enfermo y como me agrega que aun el facultativo temía ya por su vida, he comprendido que sólo por no darme el golpe de la fiesta noticia de la muerte del chiquito, me dice que está de gravedad, pero que realmente mi Pepito ya no existe, ¿no es verdad? 

Ya considerará usted todo lo que sufro por ésta pérdida irreparable de un hijo que era mi encanto, mi orgullo, mi esperanza. 

Pobre Margarita, estará inconsolable. Fortalézcala usted con sus consejo para que pueda resistir éste rudo golpe que la mala suerte ha descargado sobre nosotros y cuide usted de nuestra familia. Sólo usted es su amparo y mi consuelo en ésta imposibilidad en que estoy de reunirme con ustedes. 

Adiós hijo mío, reciba usted el corazón de su inconsolable padre y amigo Benito Juárez. 

Las cartas continuaron y poco a poco el dolor dejó de mencionarse en ellas. Juárez estableció su gobierno en Chihuahua y después en Paso del Norte, lo que trajo una relativa calma, pero tan sólo nueve meses después de la muerte de Pepe, su otro hijo: Antonio, falleció prematuramente. 

Juárez escribe a Margarita: 

Te escribí en el correo último manifestándote el gran pesar que me ha causado la muerte de mi querido Toñito. Como debes suponer, mi corazón está destrozado con golpes tan rudos como los que hemos recibido con la pérdida de nuestros hijos; pero es preciso resignarnos a tan duras pruebas y no dejarnos abatir, porque nos quedan aún hijos que necesitan de nuestra protección y amparo. Te ruego por tanto que tengas calma y serenidad, que procures distraerte y que te cuides para que puedas estar en posibilidad de cuidar de nuestra familia. No tengas cuidado por mí. Estoy con buena salud. Dales muchos abrazos a las muchachas y a Beno y tú recibe el corazón de tu esposo que no te olvida.

Y Margarita le responde. 

Mi estimado Juárez:

Con mucho gusto he visto tus cartas de 6 y 13 de octubre, porque he visto que sigues sin novedad y que habrás recibido las cartitas de todos nuestros hijos, éstos pobres que no hacen más que sufrir conmigo, porque cuando me ven llorar no pueden menos que hacerlo ellos también; qué hemos de hacer, ésta nos tocó, pero no es fácil conformarse sobre todo con tu separación.

Me alegro que hayas recibido mi retrato y siento que tú no puedas retratarte y mandarme el tuyo, porque aunque me causara disgusto, quisiera que me lo mandaras; yo, poco más o menos, me figuro cómo estarás con la vida tan indecente que llevas, malpasándote en todo, no sé cómo has podido resistir y tener valor para estarte acordando de tu casera y del Sr. Cayetano que con lo que tienes, deberías estar peor que yo. En primer lugar no me sale el pesar de mis hijos; en segundo, no tengo esperanza de volverte a ver, porque cada día siento que me acabo, mi naturaleza está muy gastada y ya no resisto más. En marzo voy a cumplir 40 años y creo que si sigo como voy, no me haré huesos viejos; yo me cuido bastante y procuro cuanto está de mi parte distraerme, pero no puedo, es imposible.

Las muchachas te mandan muchos abrazos. Adiós Nito. Sabes que te ama tu esposa.

Cartas retomadas del libro Margarita Maza de Juárez Primera Dama de la Nación de Carlos Velasco Pérez, publicado en 1986 por la Dirección General de Educación, Cultura y Recreación del gobierno del estado. 

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