Por Aarón Nicolás

El Valle de Etla es una región hecha de memoria en nuestro querido Oaxaca. Sus fiestas, sus tradiciones y sus formas de entender la vida hablan de pueblos que han sabido conservar una identidad propia mientras el mundo cambia a su alrededor. Aquí la cultura está todos los días en las calles, en las conversaciones, en las celebraciones patronales y en la manera en que una comunidad se reconoce a sí misma.

En ese paisaje nace Cinema Goliar2, con una idea tan sencilla como necesaria. Acercar el cine a la comunidad para encontrarnos con otras historias, conocer otras realidades y abrir preguntas que muchas veces no nos hacemos en la vida cotidiana.

Porque una película puede hacer algo más que entretener, puede incomodarnos, emocionarnos o hacernos recordar, incluso en ocasiones, llorar. A veces uno llega a una función pensando que va a conocer una historia ajena y termina encontrando algo de sí mismo en ella. Por eso, hay momentos en los que aprender significa simplemente sentarse junto a otros, escuchar y descubrir que no todos miramos el mundo de la misma manera.

El nombre tampoco es casual, los goliardos fueron estudiantes y clérigos de la Europa medieval que escribían poesía y cuestionaban las ideas de su tiempo. Recuperar esa palabra es rescatar una mirada inquieta, de esas que no aceptan las cosas tal como están y creen que siempre es posible cambiarlas.

Y detrás de Cinema Goliar2 hay algo todavía más importante, hay personas, que son grandes hermanos y hermanas que han entendido que compartir conocimiento, ayudar a los demás y acercar la cultura no requiere grandes discursos, sino voluntad y trabajo colectivo. Diego, Carlos, Briseida, Emmanuel, Héctor, Javith, Anaís, Alan, Camilo y muchos compañeros más forman parte de un esfuerzo hermoso, hacer comunidad.

En tiempos donde pareciera que todo invita al aislamiento, encontrarnos para mirar una película también es un acto comunitario. Compartir una sala y una conversación nos recuerda algo elemental que a veces olvidamos, que nadie aprende completamente solo.

Quizá por eso mirar también es aprender, porque cuando miramos otras historias, también vemos la profundidad de la nuestra. Y cuando nos sentamos a escuchar a los demás, aprendemos a conocer un poco más quiénes somos.

Aquí la cultura y la comunidad, está presente.

Aarón Nicolás es un abogado oaxaqueño, cuya trayectoria se ha desarrollado entre el servicio público, la vida comunitaria, así como distintos proyectos sociales y culturales en Oaxaca.