Por Paola Flores | Texto íntegro de la presentación del 06 de noviembre 2026.

Preludio es un breve viaje por la historias detrás de las piezas y los compositores que escucharemos en los conciertos de la Orquesta Sinfónica de Oaxaca. Fue pensando para que ustedes, querido público, conozcan esta otra parte que muchas veces permanece desconocida, pero que resulta crucial para el disfrute de la música que sucederá a continuación. 

Esta noche tenemos el estreno oaxaqueño de dos obras de compositores mexicanos. La maravillosa Patricia Moya y el brillante, Charlie Lavín. Además de la interpretación de la Sinfonía número dos de Brahms. 

Empecemos como siempre, por el principio. 

¿Qué les dice el título El planeta misterioso? 

Esta pieza nació en el peor momento de la pandemia por covid-19, ese episodio tan cercano al fin del mundo. Patricia es una mujer con una imaginación prodigiosa. Tuvo la fortuna de crecer en un hogar en el que la música era un lenguaje conocido, además como nieta de un compositor, hija de una bailarina y de un director de teatro, su mente exploró desde temprana edad las infinitas posibilidades del arte. 

Las circunstancias la pusieron primero en contacto con el acordeón y, junto con la práctica del instrumento, surgió la escritura de sus primeros arreglos. Su interés por todo lo musical se cristalizó en una variada práctica instrumental: violín, piano, trompeta, percusiones y canto coral.

Todo ello viene a cuento para explicar de dónde surge El planeta misterioso. 

Durante el confinamiento por la pandemia de COVID-19, al percatarse de que el encierro iba para largo, la maestra Patricia Moya decidió aprovechar el tiempo para componer. Aunque en un inicio pensó en escribir piezas para piano, optó por emprender un reto de mayor magnitud: una obra para orquesta.

Y frente al dilema de la “página en blanco”, recurrió a una práctica habitual en su proceso creativo: inventar una historia para luego ponerle música a cada episodio. Así concibió un relato de ciencia ficción donde coexistían dos mundos: el planeta Covid-19 y el planeta Tierra.

Ella imaginó un planeta Covid-19 con seres redondos con una especie de púas alrededor, que flotaban en el espacio y que llegaban desde su planeta a la Tierra para atacar,  herir y matar gente. La realidad fue así de horrible: miles de muertes en todo el mundo. Sin embargo, Patricia no quiso que la historia musical acabara trágicamente, buscó darle un final esperanzador, donde esos seres maléficos son finalmente vencidos. 

Este relato se compone de cinco partes. 

La parte A describe musicalmente a estos seres víricos flotando tranquilamente en su planeta. 

En la parte B esos seres malignos deciden ponerse en marcha para invadir la tierra. Mientras que en la parte C sus ataques desatan una guerra abierta contra el planeta tierra, representada con una instrumentación algo violenta. 

Es importante contarles que mientras Patricia componía esta parte en el estudio de su departamento —ubicado en un octavo piso cerca de hospitales y una clínica—, la cruda realidad del confinamiento irrumpió en su labor creativa. 

A través de su ventana escuchaba el paso constante de ambulancias y observaba carrozas fúnebres retirando cuerpos frente a la clínica. La angustia de ver entrar enfermos y salir muertos le provocó un nudo en la garganta y una profunda tristeza que le impidió continuar escribiendo el pasaje de la guerra ese día.

Al día siguiente retomó el trabajo e integró esa vivencia directamente en la partitura: tras la batalla orquestal, colocó un acorde largo con un corte súbito, dando paso al sonido de una sirena de ambulancia. Así que cuando este momento del concierto llegue, no se asusten, es parte de la obra.

La parte D es introducida por el eco de la ambulancia, esta sección plasma un ambiente triste, quieto y luctuoso por los estragos dejados por estos seres covid-19 en la tierra. 

Para cerrar, en la parte E la obra culmina de forma luminosa y optimista, celebrando la derrota de los virus y el alivio de los habitantes de la Tierra.

Patricia Moya concluyó y registró la partitura en 2020. Ha sido interpretada anteriormente por la Filarmónica de la Ciudad de México y la Sinfónica del IPN. 

Para ella el estreno oaxaqueño supone una ilusión ya que siente un gran cariño por la cultura de nuestro estado. La Orquesta Sinfónica de Oaxaca ya había interpretado una obra suya en 2018, titulada Un paseo abstracto luminoso y sonoro, de esa presentación ella todavía conserva un programa en su estudio. 

Yo le preguntaba en la breve entrevista que tuvimos si consideraba que su pieza Un planeta misterioso, conformaba una memoria musical de ese momento tan doloroso para la humanidad, ella me dijo que eso se lo tendría que preguntar a ustedes, ya me contarán que opinan después de escucharla…

La siguiente parte de este concierto será una exploración por los contrastes y colores que impregnan a los alebrijes. A Charlie Lavín, guitarrista, orquestador, arreglista y  productor le valió una Mención Honorífica en el premio Arturo Márquez la composición de Alebrijes de Papel, una pieza que ha pasado por varias transformaciones. Nació como un proyecto para su titulación, inicialmente pensado para un trío de piano, violín y cello (chelo) luego pasó a ser una pieza para Orquesta de Cámara, hasta convertirse en lo que escucharemos esta noche, un arreglo contundente para Orquesta Sinfónica. 

 A Charlie le interesaba especialmente explorar géneros populares como el son y el guapango, similares en rítmica y colores. Se preguntaba cómo crear una pieza que pese a los contrastes conservase un hilo conductor, ustedes juzgarán si consiguió tal ambición. 

YouTube player

Además pidió de manera especial si podíamos grabar un video de la interpretación, si ustedes capturan una parte de la misma, pueden arrobarlo en Instagram como @lavincharlie. 

Finalmente, antes de apagar las luces y dejarnos llevar por la música, vale la pena tomarnos un par de minutos para conocer la historia detrás de la última obra que escucharemos esta noche: la Sinfonía n.º 2 en Re mayor de Johannes Brahms.

Brahms es considerado por muchos como un  compositor a la altura de Bach y Beethoven, formando las célebres «tres B» de la historia de la música, como los tres representantes cumbres de la tradición alemana.

Imaginemos al compositor en el verano de 1877, descansando en Poertaj , un pintoresco pueblo alpino a orillas de un lago en Austria. Sus biógrafos apuntan que inspirado por ese paisaje idílico, la música fluyó casi sin esfuerzo. A diferencia de su primera sinfonía —que tardó nada menos que 14 años en completar—, esta Segunda nació en cuestión de meses. El resultado fue una obra luminosa, alegre y pastoral, tanto que muchos suelen compararla con la Pastoral de Beethoven. De hecho, tras su triunfal estreno en Viena el 30 de diciembre de 1877, bajo la batuta de Hans Richter, el público quedó tan fascinado que obligó al director a repetir el tercer movimiento completo.

A lo largo de sus cuatro movimientos, la orquesta nos llevará por un camino de matices preciosos. Una nota de programa en la Filarmónica de Los Ángeles, escrita por John Magnum la describe de la siguiente manera:  

La sinfonía se abre con bastante serenidad, ya que Brahms ofrece a las trompas, los vientos y, por último, las cuerdas, una melodía que ciertamente puede calificarse de serena. Esta melodía surge de tres notas que suenan en los bajos y los violonchelos, tres notas que son el germen temático de toda la sinfonía y que se repiten en diversas encarnaciones a lo largo de la obra. A la melodía le sigue un redoble de tambor apagado y un canto fúnebre de tres notas de los trombones y la tuba: la tormenta amenaza ya el idilio pastoral de Brahms.

El segundo movimiento se abre con una de las melodías más bellas que Brahms haya compuesto jamás, interpretada por los violonchelos. El movimiento destaca por sus pasajes de abrumadora desesperación, posibles gracias a la inestabilidad tonal del tema del violonchelo. Brahms juega con esta inestabilidad, aprovechando al máximo el movimiento entre los modos mayor y menor, y el consiguiente contraste entre el reposo y la agitación que permite.

El tema del oboe que inicia el Allegretto grazioso es una transformación de esas tres primeras notas del primer movimiento, y constituye la base de las secciones La de este movimiento La-Si-La-Si-La. Las secciones de Si, marcadas al doble del tempo del Allegretto grazioso, proporcionan un rítmico contraste con el sabor a vals campestre de las secciones de La que las rodean.

En el final en forma de sonata, Brahms retiene los trombones hasta la recapitulación, cuando hacen su aparición bañados en luz, uniéndose al resto de la orquesta para tocar el tema exultante del movimiento y luego tocar los acordes finales del final en su registro más alto.

La otra obra destacada que surgió de este período de composición en Austria fue la obra coral ¿Por qué se da la luz a los desdichados?, una pieza un tanto tortuosa que le recomendamos escuchar en casa. 

Ya que un poco de esa oscuridad se esconde bajo la superficie de la Segunda sinfonía, algo que Brahms explicó a un admirador que le preguntó por «el estruendo de los timbales» y «los tonos sombríos y lúgubres de los trombones» en el primer movimiento, especialmente durante el final.

El compositor escribió en respuesta: «Debo confesar que soy una persona profundamente melancólica, que unas alas negras revolotean constantemente sobre nosotros y que, en mi obra —quizás no por casualidad—, a esa sinfonía [la Segunda] le sigue un pequeño ensayo sobre el gran «porqué». Refiriéndose a su pieza ¿Por qué se da la luz a los desdichados?

Los invitamos a ponerse cómodos, abrir sus oídos y disfrutar de este viaje musical bajo la dirección del maestro, Luis Manuel García Peña ¡Que disfruten el concierto!